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Archive for the ‘efe-eme’ Category

Por una hormona

Monday, November 24th, 2008

Mi viejo es un superdotado sexual, un machote del copón. El hombre no lo ha explotado como Nacho Vidal, no: ha hecho su vida, como aquel que dice. Ingeniería, baloncesto, militancia, amantes a punta pala. No enarboló su don como una bandera. Pero eso marca, claro.
Yo le dí mucho motivo de preocupación. A los 14 pegaba fotos de tíos (Jagger, Richards, Lennon, Mc Cartney) en las carpetas escolares y en las paredes del cuarto. Despreciaba el deporte.
La cosa empeoró cuando me dejé el pelo largo y me puse camisas floreadas y collarcitos de cuentas. Era una época en la que se cuestionaban los valores tradicionales, incluyendo la sexualidad “normal”, consabida. Fumábamos marihuana, hacíamos camas redondas, buscábamos elevarnos a través de la promiscuidad y el arroz integral. Y lo conseguíamos.
Yo mismo dudé. Mick Jagger, mi ídolo number one, parecía bastante mariconcete, para qué negarlo. Se decía que John Lennon había tenido sus más y sus menos con Brian Epstein y que los hermanos Ray y Dave Davies se morreaban abiertamente. Conseguí abrirme paso hasta el elenco de Hair, la comedia musical que ensalzaba los valores del hippismo. Mi personaje, Woof, tenía una escena de amor con un poster de Mick Jagger.
Influenciado por la filosofía imperante en esos ambientes contraculturales me planteé seriamente lo de la bisexualidad. Pero no hubo caso, no podía ser tan moderno y rompedor como David Bowie, por ejemplo. Tampoco estuve muy lejos de alcanzar esas envidiables amplitudes de rol, porque soy todo lo femenino que puede ser un heterosexual. Una hormona más y lo conseguía, pero tuve que resignarme a la monotonía de mujeres, mujeres y más mujeres.
Superada la fase dubitativa, me entregué de lleno a disfrutar del amor libre, el kundalini, el tantra y el kama sutra. Los músicos de rock que tanto admiraba quizá coquetearan con la bisexualidad, pero básicamente se los veía acosados por millones de tías que estaban locas por ellos. ¿Podía imaginarse algo más genial?
La música me gusta, pero a veces me pregunto en qué medida me dediqué a ella por motivos verdaderamente artísticos: lograr que me quisieran –miles de fans entregadas- fue el otro gran factor de peso.
En realidad no importa. Ambas cosas son estupendas.
Pero no pude contentar a mi padre. Que no fuera maricón fue un alivio, pero jamás pudo comprender por qué si quería ser músico no iba al Conservatorio.

Síndrome

Monday, November 24th, 2008

El síndrome post-vacacional: ¡vaya tontería! A ver si llamamos a las cosas por su nombre.
Si se acabó la fiesta, se acabó y ya está. No hay que darle más vueltas ni complicar las cosas sencillas poniéndoles títulos pretenciosos. Vamos a ver: hace años tenía una novia que vivía en el extrarradio. La iba a visitar y pegábamos unos revolcones de campeonato. El viaje en bus de 45’ era la parte mala. Pero no por eso iba a ir al sicólogo para decirle “doctor, doctor, que en el bus sufro el síndrome post-coital…¡cúreme, por favor!”.
La gente está agilipollada perdida, nen. Ya te digo.
Bueno, pues…..estuvimos en Canadá y la mar de bien, ninguna queja. Gran país.
Un día, en un parque natural de tres pares de cojones, nos topamos con un chaval que estaba tocando la guitarra y cantando, él solito. En medio del bosque, como aquel que dice. Nos acercamos, lo dejamos acabar el tema –onda neo folk- y le pedí que me prestara la guitarra. El chaval me la pasó y le regalé una canción. A él, a Maite (mi mujer) y a los pajaritos, las ardillas, los ciervos y las comadrejas. A las mariposas, las hormigas, los árboles y las flores. Le regalé esa canción al mundo entero y lo hice por placer, porque me gusta dar mi arte sin pedir nada a cambio. El chaval era neo folk, pero yo soy un viejo hippie con un ramalazo flower power que te cagas. ¡Cómo fluia el amor de mi corazón, cachis en la mar! Aquello eran borbotones y borbotones.
Vale. Ya en Barcelona, un poco mosqueadillo por el fin de las vacaciones, me encontré con un pavo que es experto en música electrónica, internet y la madre que lo parió. Le conté que estaba acabando un nuevo álbum y que todavía no tenía compañía. Me dijo “lo primero que tienes que hacer es registrar las canciones”. Sí, y una polla como una olla. Si alguien me roba mis canciones, lo mato. Le clavo un bolígrafo Bic en la yugular, de frente march. Que quede aquí asentado como advertencia para el público en general.
¿Quién me va a querer robar a mí una canción? No lo veo probable, pero por las dudas el que avisa no es traidor. Por las buenas, flower power. Si me robas mi tesoro más valioso me sale el indio y me pongo más punk que Sid Vicious, que conste.
Los Arctic Monkeys y Lily Allen triunfaron regalando canciones en My Space: chachi piruli, nen. Ellos quisieron regalar y regalaron. Luego vendieron un millón de discos y tropecientas galas. Pero ve a robarle la guitarra a un Mono del Ártico. Dejará su helado de banana sobre un témpano y te la romperá en la cabeza: bien empleado, te lo habrías ganado por ladrón.
Moraleja: si quiero regalar, regalo. Si quiero alquilar, alquilo. Si quiero vender, vendo. Pero lo decido YO, porque las canciones son MÍAS. Llamemos a las cosas por su nombre.

Ganando amigos

Monday, November 24th, 2008

Soy el tipo más simpático del mundo. También el más antipático. La naturaleza de la realidad es dual -ya lo sabes- y los extremos se tocan.

En principio soy encantador. Me levanto por las mañanas lleno de optimismo y amor por la vida, dispuesto a darle preferencia al lado positivo de las cosas. Y con ese magnífico espíritu de paz y amor salgo a la calle, enarbolando una sonrisa solo superada en tamaño por mis buenas intenciones. La gente es guapa, talentosa y civilizada. Las guerras, el hambre, la injusticia y la contaminación parecen datos lejanos, obstáculos que pueden superarse en un plazo razonable si todos juntos luchamos por un mundo mejor.
Oigo campanas celestiales. ¡Ding-dong! ¡Ding-dong! ¡Aleluya, aleluya!
Más que caminar bailo hasta el kiosko y la panadería. Derrocho un humor luminoso y gasto un mogollón de bromas con la gente del barrio, hago reír a las chicas de la tintorería, paso revista a las cajeras del supemercado. Soy el que hago la compra. Mi mujer trabaja ocho horas por día, de lunes a viernes, mientras un servidor está por casa componiendo canciones, escribiendo artículos y meditando sobre la condición humana.
Por eso me toca mantener a raya a las coladas. No me refiero a hacer la colada, que también es responsabilidad mía. No: las señoras que intentan colarse en el super. Desinflo sus pretensiones pinchándolas con mis más afilados dardos. Repentinamente he pasado a ser el hombre más antipático del mundo. Hay cierta solidaridad entre las demás señoras de la fila. No es que ellas aprueben el colarse, pero desaprueban los cáusticos, descarnados y corrosivos sarcasmos que dirijo a la culpable. El aire se tensa y percibo cómo se llena con los efluvios del desprecio.

Mientras escribo el Papa está en Valencia, consolando a las víctimas del metro. Me pregunto por qué Dios no impidió el accidente, las masacres entre chiitas y suníes, Darfur, todo el dolor gratuito. ¿Por qué Dios no impide a Zaplana y Acebes? Y me contesto: porque no existe. Si un buen día se apareciese debería contestar un par de preguntas. Pero ahí está la masa, adorando a uno de sus presuntos representantes en la Tierra. Si las coladas me irritan, imaginad ésto.

No solo la religión organizada me pone de los nervios. La parafernalia futbolera, la parrilla televisiva, los discos más vendidos, el mal uso –debería decir desuso- de los contenedores de reciclado, casi todo lo que hacen mis congéneres.

Y así voy pasando de un extremo a otro, girando como una peonza, atrapado por un remolino gigante en el mar del desconcierto.

Selektoff

Monday, November 24th, 2008

Si el jacuzzi de tu yate es suficientemente grande y has invitado a un contingente de top models a pasear por el Caribe es probable que la cosa acabe en orgía. La primera vez flipé por un tubo. Las siguientes también: era como tocar el cielo con las manos. Después de unas cuarenta orgías con top models me empecé a acostumbrar, se convirtió en una especie de rutina. Al cabo de un tiempo me deprimí. ¡Salí del jacuzzi deprimido! En ese momento recordé las sabias y premonitorias palabras de Oscar Wilde: “ten cuidado con lo que sueñas porque lo puedes conseguir”. ¡Qué cabrón el tío!
Claro: alcanzar la cumbre es como muy chachi, pero eso te enfrenta al vacío: bien…¡y ahora qué? Puede ser terriblemente angustioso quedarse sin metas, sin nada por lo que luchar. Sin embargo, nuestra naturaleza nos impulsa a seguir y seguir.
Siempre quise tener una columna en Efe Eme, poder hablar de lo que me venga en gana. Pues bien: lo conseguí. Aunque ya no esté mi foto allí arriba esta columnita es otro sueño cumplido.
Como no escarmiento, sigo acariciando ideas en principio inalcanzables, objetivos tan dorados como lejanos. Aprovechando este foro voy a lanzar una propuesta a los cuatro vientos. Me ofrezco a discográficas y grandes empresas (Starbucks, Benetton, Private…) para realizar selecciones musicales. Se trataría de una serie de álbumes temáticos para regalar o vender a la distinguida clientela. ¿Qué tendrían mis selecciones de especial? ¿Necesita el mundo más recopilaciones de esto o aquello?
Sí, amigos, mil y una veces sí.
Cada canción es, además de otro montón de cosas, la posibilidad de un estado de ánimo. Una sucesión de piezas musicales puede excitar, alegrar, adormilar, inquietar, entristecer, etc. Mis selecciones musicales serían………optimistas. Podría hacer yá mismo unas cuantas de Joyas Desconocidas de los Sesenta. No habría ni un solo tema de los que siempre figuran en estas recopilaciones, como “Tambourine Man” de los Byrds, “The letter” de Box Tops o “Baby, now that I’ve found you” de Foundations. En cambio estarían Chris Montez, Classics IV y Hullaballoos.
Otra especialidad de la casa serían los recopilados de country primitivo, incluyendo fantásticas piezas de Carter Family, Hank Snow y Flatt and Scruggs.
La selección de jazz vocal, nuevamente, se alejaría de las canciones típicas y tópicas. Alegraríamos a los oyentes con inclusiones de Johnny Mercer, John Pizzarelli y Georgie Fame.
Las mejores serían las no temáticas, o sea las que irían saltando de estilo en estilo al capricho del señor selector: de Cal Tjader a Leny Andrade, de Lovin’ Spoonful a Big Sandy and the Flyte Rite Boys, de Tim O’Brien a Charles Wright and the Watts 103rd Street Rythm Band.
¿No conocéis a Charles Wright and the Watts 103rd Street Rythm Band?
Es evidente que necesitáis los servicios de un seleccionador musical.

El declive de la canción

Monday, November 24th, 2008

Cuando Penélope Cruz tenía 15 años la entrevisté para la revista MAN. Creo que fue la primera entrevista de su vida. Me contó que sus padres le habían puesto Penélope por la canción de Serrat. Hoy eso sería muy raro. Las canciones ya no significan tanto para la gente. Pero vamos por partes.
Hay una crisis enorme en la industria discográfica, debida sobre todo a lo fácil que resulta robar canciones. ¿Para qué pagar si las puedes robar y la policía no te va a perseguir? ¡Todos los músicos son millonarios, no pasa nada!
Se habla mucho de la piratería –con razón, porque es el problema más grave- pero poco del declive de la canción. Creo que hay por lo menos tres motivos que apuntar: 1) ya no se hacen canciones tan buenas; 2) hay demasiadas canciones y 3) el negocio mató al arte.
Lo primero es difícil de demostrar, ya que es una cuestión de gusto, subjetiva. Lo segundo sí se puede argumentar. Mi teoría es que la canción está muriendo de éxito. En efecto, nunca una forma de arte había proliferado de un modo tan omnipresente, universal y masivo. Una canción ya no es una joya única, algo especial, un evento en la vida de alguien. Escuchamos demasiadas todo el tiempo. Hasta la cosa más preciosa pierde valor cuando se repite hasta el paroxismo. Ya lo dije hace dos meses cuando expliqué que al cabo de unas cuantas docenas de orgías con top models en el jaccuzzi de mi yate la cosa perdió su gracia y me deprimí.
Demasiadas canciones durante demasiados años: el éter está saturado ¿Cuántos millones de canciones puede escuchar una persona antes de deslizarse hacia el hastío y la indiferencia?
El tercer punto es que las canciones populares se han convertido en un negocio fabuloso. Hay tanto dinero para ganar que el cotarro ha sido copado –igual que sucedió con el cine- por los peores tiburones del mar de la codicia. En la época de Sinatra, Elvis y los Beatles los fines de lucro convivían con cierta dosis de amor por la música. Actualmente solo importa la pasta. Si algún artista de calidad encuentra eco es más bien por casualidad. Los que mueven los hilos solo apuestan por los productos más bastardos.
En mi gimnasio hay un hilo musical. Puede sonar desde Mariah Carey hasta Jorge Drexler. Hay un ruido constante de máquinas y además el aire acondicionado atrona como un jet, por lo que resulta imposible disfrutar de la música como tal. Cada día le pido a los monitores que la quiten, ya que en esas condiciones no es más que contaminación acústica. Nadie más, nunca, pide que la suban ni que la bajen. Nadie nota si está o no está. Soy el único que presta atención al tema.
Todo lo que antecede se puede resumir en cinco palabras que servirán de broche de oro: opá, yo viacé un corrá.

El poder de las palabras

Monday, November 24th, 2008

Buenos Aires, 1969. El sello independiente Mandioca se presenta ante el mundo con un concierto en el Teatro Apolo, en la Avenida Corrientes. Los tres primeros fichajes comparten cartel: Cristina Plate, Manal y Los Abuelos de la Nada. Estos últimos están encabezados por el mítico Miguel Abuelo, cuentan con el no menos legendario Pappo a la guitarra, el renombrado Pomo a la batería y un tal Mayoneso en los teclados. Creo que Alberto Lara estaba a cargo del bajo.
Yo ya tenía mi inclinación literaria. Que un teclista que respondía por Mayoneso tocara con Los Abuelos de la Nada me pareció un hecho remarcable. Hasta entonces mis músicos de rock favoritos se llamaban Ray, John, Keith, Bob……Mayoneso era una agradable apertura hacia las sonoridades locales. Lo consideré un hecho auspicioso y me quedé con la copla.
La vida siguió su curso, me hice super fan de Manal, escribí sobre ellos en la revista Cronopios y su guitarrista Claudio Gabis me enseñó la vuelta de blues de doce compases en el bar Politeama de aquella misma avenida.
Monté un grupo de rock con mi hermano Eduardo: Los Hermanos Makaroff. Años después nos separamos y ese mismo día –en la puerta de un concierto suspendido- conocí a un chaval muy espabilado. Decidí venir a España: aquí empezaban a triunfar mis amigos de Tequila. Pusimos en venta los equipos que compartíamos. Aquel chaval nos compró un ampli Vox modelo Beatle. Lo probó con su teclado y pensé “¡qué bien toca este pibe!”.
Unas semanas más tarde, cuando ultimaba los preparativos para el gran salto, me llamó Beto Satragni, el genial bajista y cantante uruguayo. Me preguntó si conocía algún teclista. Recordé al chaval del Vox y le pasé el teléfono.
En Ibiza coincidí con Miguel Abuelo. Cantamos en la calle junto con Miguel Cantilo, otro músico argentino entregado a la bohemia balear. Después volví a ver a Miguel Abuelo en Barcelona. Yo vivía bastante pobremente con otros dos argentinos, pero él era más pobre todavía y a veces venía a casa a comer algo. ¡Qué dura la vida del artista!
Miguel volvió a Buenos Aires y refundó Los Abuelos de la Nada. Exitazo. Me llegó el cassette de “Vasos y besos”. Me gustó; sobre todo el tema “Mil horas”. Desde siempre he estado muy interesado en quién compone las canciones. Aquel cassette era tan cutre que no tenía créditos.
Pasó el tiempo y un día sonó el portero eléctrico. “Somos Andy y Andrés, tu hermano nos dio tu dirección”. Intrigado, les abrí. Eran Andy Cherniavsky y Andrés Calamaro, paseando por Europa. Hechas las aclaraciones pertinentes pasamos el día juntos, fuimos a Sitges…..y me enteré de que aquella recomendación a Beto Satragni había prosperado: condujo al chaval espabilado al grupo Raíces, de donde pasó a Los Abuelos de la Nada. ¡Y era el compositor y cantante de “Mil horas”!
Primero Mayoneso, luego Calamaro. Un paralelismo asombroso, si uno es de los que se rinden al influjo de las palabras.

Hank

Monday, November 24th, 2008

Si te llamas Hank eres vaquero de rodeo o cantante country. Si fueras un artista plástico de vanguardia neoyorquino te llamarías Herbie, August o P2, pero nunca Hank.
El Hank número uno de la mitología cowboy es Hank Williams, figura trágica y señera de la música de raíces norteamericana. Muchacho frágil, quebradizo y longilíneo, su espina bífida lo atormentó durante toda su corta existencia. Bebía cual cosaco, se presentaba tambaleante a cumplir con sus compromisos artísticos y su vida amorosa hacía juego con su salud.
Es sin duda la principal figura de la música country. Compuso “Jambalaya” y otro montón de clásicos del género. Hace cinco años se grabó un homenaje a su repertorio. Participaron –como para constatar la importancia que le dan los del gremio- Bob Dylan, Johnny Cash, Keith Richards, Mark Knopfler, Tom Petty, Sheryl Crow y Beck, entre otros.
Te habrás dado cuenta de que el country, sobre todo su variante más primitiva, está de máxima actualidad. Se nota en los últimos discos de Bruce Springsteen y Van Morrison y en los contenidos de esta columna mensual, verdadero termómetro de lo que se cuece en el panorama de la música popular…
Entonces vas y te compras un Grandes Éxitos de Hank Williams, como hice yo hace ya tiempo. Preferentemente del sello Proper: bueno, bonito y barato.
En mi caso el segundo Hank, de apellido Snow, me llamó la atención por su sombrero vaquero y su nombre de pila. Otro grande del género. Con su dosis de drama vital: su padrastro lo maltrataba, huyó de casa (¡a los doce años!) y se enroló en un barco pesquero. La típica peripecia angustiosa de vivir pero que queda ultra chachi en tu biografía. Compró su primera guitarra por correo: le costó 5,95 U$S. Tuvo una larga y fructífera trayectoria. Otro disco que vale la pena comprar. Insiste con Proper: 28 canciones por 7 euros, céntimo arriba o abajo. Un chollo.
No hay dos sin tres: descubrí a Hank Thompson hurgando en la sección country de alguna buena disquería. Proper y a la bolsa.
Espero que sepas quién es Leon Russell. Si no, lo buscas en Google. Un grande de la música americana. Evidentemente tengo todos sus discos. Para avalar mi teoría, el bueno de Leon se hace llamar Hank Wilson cuando le da por grabar álbumes de country. Sorry, no están en Proper, te costarán una pasta. ¿Pero en qué la vas a gastar si no?
Atento a los Merles. Si te llamas Merle no puedes ser un peluquero de Los Angeles. Tienes que ser vaquero de rodeo o cantante country.

Black Santa

Monday, November 24th, 2008

Santa Claus existe, amiguitas y amiguitos, solo que no es blanco ni oriundo de Finlandia. Es negro, rapero y se llama Xzibit. Tengo que reconocer que soy adicto a ese absurdo y maravilloso programa de MTV llamado Pimp My Ride. Podríamos traducirlo como Chulea Mi Buga. Para los que no sepan de qué va, un somero resumen. Se detecta a algun joven californiano que tenga un coche hecho polvo. Muy hecho polvo: abollado, oxidado, parachoques cogido con alambre, baúl con colillas. Uno hasta tenía ratas.
El encantador ex delincuente Xzibit se planta en su puerta y le anuncia que su montón de chatarra será transformado por los mejores especialistas del mercado, absolutamente gratis. El afortunado abraza a Xzibit, lo besa: ya sabe lo que le espera. Coche tuneado y quince minutos de fama televisiva. Para una persona joven y sin un duro, obligada a vivir en un mundo –California- en el que sin coche eres un cero a la izquierda, es un regalo de tres pares de cojones.

Xzibit se lleva el descacharrado vehículo al taller de los especialistas. El coche se tunea sin reparar en gastos, teniendo en cuenta los gustos e inclinaciones de su dueño. El mejor sonido, asientos de cuero, DVD, ordenadores, videojuegos, llantas super atómicas, pintura extremada e hiper hortera: todo lo que puede hacer feliz a un joven estadounidense. Si le gusta el cine, se le instala una máquina de palomitas, si le interesa la astronomía, techo corredizo y un telescopio, si le gustan los peces, peceras con especies tropicales. Encuentro geniales los detalles de humor desquiciado que se incluyen en el tuneado.

Soy un intelectual, amiguitos y amiguitas. Mis amistades suelen ser profesores de antropología, académicos de psicopatología y cosas por el estilo. Estoy siendo muy criticado en mi entorno por esta afición. Para muchos de mis pares, por lo visto, es una inclinación incorrecta, una debilidad de carácter, una señal de decadencia inadmisible. ¡Tonterías! Aunque tuvieran razón, me importa un carajo. Me lo paso pipa con mi programa de tuneado.

A veces se vuelve un poco repetitivo, porque siempre es la misma fórmula. Joven sin recursos, coche cochambroso, macro tuneado exagerado por todo lo alto…
Lo que no falla nunca es la traca final. El afortunado llega al taller de los especialistas. Su nuevo buga está cubierto por una lona. Xzibit dice un par de tonterías alusivas y se descubre la obra. La reacción del propietario no tiene desperdicio. Salta hasta el techo, aúlla, se retuerce. Su felicidad resulta contagiosa. Mientras le van mostrando todas las virguerías que le han hecho a su coche no para de flipar y flipar.

Yo, un hombretón curtido y escéptico, siento parte de su alegría y me reacomodo en el sofá. ¡Tocado!

Corbata

Monday, November 24th, 2008

Hoy no tengo gran cosa que hacer. Tocar la guitarrita, leer el periódico, ir al gimnasio, lavar la ropa. Por lo tanto elegiré una buena corbata de seda italiana y la combinaré con la camisa, americana, pantalones y zapatos adecuados. Cuando tengo que trabajar –soy un cantante que viene del rock- no me puedo vestir así. Creo que el público no lo entendería. Para actuar me pongo tejanos y zapatillas. Sucede que la ropa que realmente me gusta es exactamente la opuesta a la rockera. Mis conjuntos corbateros no son tipo Blues Brothers, sino algo en frecuencia mucho más burguesa. De Brian Ferry hacia Durán i Lleida, para entendernos. En eso salí a mi padre, conocido como El Ingeniero, un comunista que iba siempre emperifollado como un dandy. En la vanguardia de la revolución obrera y en la del dandismo, tan frescamente.
De hecho él me legó la mayoría de las corbatas que atesoro. Buenos Aires solía ser, mientras duró el esplendor argentino, una ciudad anglófila, afrancesada, que daba la espalda a su entorno sudaquilla con una indisimulada fascinación por la Vieja Europa. El Ingeniero, ideólogo marxista, se dejaba la pasta en las tiendas de ropa más pijas de la ciudad, que no tenían nada que envidiarle a las de Roma, París y Londres. Esas corbatas son las que suelo ponerme cada mañana.
Entre ellas hay una que es, de lejos, mi favorita. De seda, pero mate, con dibujos tipo búlgaro que combinan el verde oliva con el marron rojizo, el crema y el azul oscuro. ¡Qué joya! Mi padre la compró en Spinetto, uno de esos reductos de la oligarquía ganadera que suministraban indumentaria refinada a los estancieros que explotaban sin piedad a los gauchos de la pampa.
Otro de los tesoros que poseo y que también proviene de Buenos Aires es un buen alijo de discos de la historia del rock argentino. Entre ellos, los más importantes de la obra de Luis Alberto Spinetta, uno de los principales y más prolíficos creadores de la escena local.
Sé que nunca nadie ni nada me obligará a optar por una de esas valiosas pertenencias. Pero, imaginando una situación absurda en la que los malos de la película pusieran al muchachito –yo- en la desgarradora disyuntiva de elegir entre la corbata de Spinetto y los discos de Spinetta, con gran dolor del alma musitaría estas trágicas palabras: “lo siento, Luis Alberto”.

Dear Michael:

Monday, November 24th, 2008

Te escribo estas líneas para intentar echarte un cable. Los del gremio tenemos que ser solidarios. Analicemos la situación, que no cunda el pánico. Has sido absuelto pero sé que estás pasando por un mal momento. Debes unos 275 millones de dólares y tu carrera está por los suelos. Tu imagen pública, no tanto por el cúmulo de excentricidades, que a la basca le encantan, sino por lo de los niños, está bajo tierra.

Vas a tener que empezar de cero. Tranqui, tronqui, será duro pero no tanto: muchos aún te queremos y te respetamos. Eres un tipo talentoso que no ha matado a nadie. No eres un cabrón como tantos que hay por ahí, como Donald Rumsfeld.

Llegaste a Rey del Pop por mérito propio, te compraste una Disneylandia y te transformaste en un muñeco blanquecino. La gente te considera un freak, y no me extraña.
No desesperes, macho: tal como lo veo, la cosa tiene arreglo.

La palabra clave es humildad. Vas a vender el rancho Neverland de los cojones –llamas incluídas- y los derechos de las canciones de Lennon y Mc Cartney. Eso te tiene que alcanzar para pagar tus deudas y aún te quedará para comprarte una casa con un jardín bastante ganso. Una mansión normal, vamos, como la que puede tener Sheryl Crow, que hace años era una de las cantantes de tu coro (según lo que cuenta, tú ni te dignabas a dirigirle la palabra). En vez de cien empleados, tendrás cinco. Podrás tener un perro, un gato y un canario.

Ponte a componer, que tú sabes, y recluta unos músicos de primera. Tíos de esos que tienen un mogollón de soul pero que si hay que tocar una balada medio italiana lo hacen de coña. Ensayáis y os presentáis en un sitio pequeño, como para dos mil personas o así. Buenas luces, buen sonido, pero nada de parafernalia atómica, ya me entiendes. Si se agotan las entradas muy rápido agregáis unos días más, no problemo. Sales, cantas tus temas y a ver qué pasa. Grabas un disco con un presupuesto como el de Solomon Burke, por decir algo. Igual vendes 500.000 ejemplares. Esa pasta alcanza para vivir de puta madre. Solo tienes que echarle humildad. Hazme caso.
Un abrazo.
Sergio.