
Trenes, caballos, burros y pollos
17-05-2004 / Sergio
Makaroff
Me establecí en Barcelona en 1978. En ese mismo año
se abrió al público el Parc de l’Oreneta,
situado en la primeras estribaciones de la Serra de Collserola,
detrás del Monasterio de Pedralbes. Tardé 26
años en descubrirlo, lo cual tiene dos lecturas. Teniendo
en cuenta lo que me gustan los parques barceloneses, he mostrado
una falta de agilidad que deberé corregir en el futuro.
El lado positivo es la sensación de que la ciudad me
va a seguir sorprendiendo siempre.
Me monto en mi scooter y tardo unos cinco
minutos en llegar. Son 17 hectáreas de bosque mediterráneo.
Hay eucaliptus, olivos, pinos, algarrobos, mimosas, cipreses,
chumberas suculentas y un montón de arbustos cuyo nombre
me encantaría conocer.
Para un adulto dado a la contemplación
y amante de los rincones solitarios en el bosque, es una maravilla,
sobre todo si dicho adulto puede permitirse ir entre semana.
Para un niño, sea de carne y hueso
o el que llevamos dentro, el parque cuenta con un par de atracciones
aun mayores: alquiler de ponis y trenes en miniatura.
El Centro de Estudios de Modelismo de
Vapor es una asociación cultural sin fines de lucro.
Ellos eligen, construyen, mantienen y conducen los modelos
a escala que circulan por el parque los domingos y festivos.
Se visten con uniformes ferroviarios, tocan la campana anunciando
la salida del convoy, hacen sonar el silbato del tren y se
lo pasan en grande.
Algunos de los miembros son adolescentes,
convenientemente entrenados para conducir los modelos a escala.
Los pasajeros -niños pequeños con sus padres
- ríen abiertamente mientras dura el trayecto. Los
jóvenes maquinistas, sin embargo, permanecen serios:
no me cabe la menor duda de que disfrutan más que nadie.
La nota inquietante la ponen cuatro docenas
de puñaladas asestadas en las puertas de la mini estación.
Me gustaría tener un par de palabritas con el tarado
que se entretuvo vandalizando las instalaciones de este cúmulo
de buen rollo.
No lejos de allí se encuentran
los establos y el picadero del Poni Club Barcelona. Hay caballos
muy pequeñitos y también un poco más
grandes, aptos para iniciarse en los placeres de la hípica
en serio. El alma del club es Juan Carlos Docal, entrenador
de larga trayectoria, con más de un/a saltador/a premiado/a
en su haber. Además del típico y entrañable
paseíllo en poni, las riendas llevadas por algún
adulto, se ofrecen varias modalidades de clases de equitación.
En el establo, dos presencias estelares.
Por un lado tenemos a la burrita Victorina, traída
de Holanda, super diminuta y más cuchi-cuchi que el
mismísimo Platero. Es de color gris claro y dan ganas
de abrazarla, regalarle zanahorias, llevarla a casa y ponerla
en la mesa de luz. No se me ocurre que pueda existir una mascota
más adorable.
La otra estrella es Bruno, un burro apenas
un pelín más grande. Está atado y bien
atado. Pregunto por qué. No hace mucho dejó
preñada a una yegua bastante más alta que él.
¿Cómo lo logró? Cuando llama el deseo....los
amantes despliegan el ingenio que tienen y más. Si
fue ella la que se agachó, aquella postura debería
figurar en un hipotético Kama Sutra del reino animal.
Fuere como fuere, el fruto de ese amor en teoría imposible
es un mulito liliputiense color caramelo que corretea junto
a su bien dispuesta progenitora: para comérselo.
De pronto vuelvo a tomar conciencia de
que la sabrosa mezcla de aromas que produce un establo entre
los pinos está a solo cinco minutos de casa. Acaricio
la idea como si fuera un amuleto y sigo paseando.
Un poco más allá, en un
promontorio que forma varias terrazas desde las que la ciudad
se despliega con esplendor panorámico, hay un asador
de pollos que también despide olores muy excitantes.
¿Por qué tardé tanto
en descubrir todo esto? Trenes, caballos, burros, pollos...Como
ejemplo de lo que me estaba perdiendo, el establecimiento
dispone de tumbonas que pone a disposición de la distinguida
clientela. Con el recalentamiento planetario cada vez contaremos
con más días para yacer blandamente, los ojos
entrecerrados y la panza atiborrada de pollo y patatas.
Volviendo a la clientela. ¿Es realmente
distinguida? Estamos en pleno barrio de Pedralbes, pero un
atento estudio sociológico me lleva a la conclusión
de que al Parc de l’Oreneta acuden representantes de
todas las clases sociales. El veloz pero efectivo trabajo
de campo se basa en tres objetos de estudio: 1) los tejanos;
2) las gafas de sol y 3) el modo de hablar. Si en los dos
primeros indicadores el científico podría llamarse
a engaño, el tercero es prácticamente infalible.
Es bastante probable que los habitantes de Pedralbes estén
ahora mismo comiendo perdices en sus masías del Ampurdán.
Aquí está el pueblo.
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