 |

Lujo en Canaletas
Por Sergio Makaroff
La vida es un camino. Vivir es caminar, pero la senda no siempre
está alfombrada de pétalos. Guijarros, espinas
y arenas ardientes ponen a prueba a nuestros pies. Una vez
que empiezas a proteger ese pellejo ya no puedes parar. Si
impides que ese cuero se curta, deberás cuidarlo para
siempre. Por otra parte, las personas acostumbradas a caminar
descalzas no soportan el calzado.
Los zapatos, entonces, son la base y el
sustento del hombre en su camino hacia la civilización
y el progreso. ¡Uy, qué mal que sonó eso!
Como la patada de un marine en la entrepierna de un civil
en Bagdad. ¡Ay! Como la puntera metálica de la
bota de los skinheads al linchar a un indigente (negro y gay).
¡Ouch!
Sin embargo, los zapatos no solo evocan
la marcha de los ejércitos y el aplastamiento de las
cabezas de los débiles. También son El Gato
con Botas, Las Botas de Siete Leguas, los mocasines de Pocahontas,
el zapatito de Cenicienta, los borceguíes de ante verde
de Peter Pan, las sandalias de Jesucristo, los escarpines
de raso magenta del bardo florentino, las babuchas de Alí
Babá, los bicolores con chapas de Fred Astaire y los
blue suede shoes. Los zapatos también pueden llevarnos
por un camino de ensueño: el que conduce a la fraternidad
universal.
A este cronista le molan mazo. Ya lo dijo esa gran pensadora
que es Lydia Delgado: “te puedes poner un vestido de
fiesta de Chanel y un collar de esmeraldas de Tiffany’s,
pero si usas un calzado cutre, irás fatal; en cambio
con unos tacones de aguja de Manolo Blahnik, un tejano roto
y una camiseta blanca estarás super elegante”.
¡Gran verdad! El cronista ha de confesar que- aunque
su corazón palpita junto a los desposeídos-
en materia de zapatos está más cerca de Imelda
Marcos que del Subcomandante homónimo.
Así las cosas, resulta que en
Barcelona, en la esquina de Tallers con Rambla de Canaletes,
hay una zapatería que es un flagrante desafío
a la lógica. Entre punkis guarros que soplan flautas
desafinadas y los tufos de la comida rápida, Casas
International ofrece botas para hombre puntiagudas y caladas
a 665 euros, por ejemplo, y toda una desconcertante variedad
de zapatos extremados y saladísimos.
Intrigado, el cronista pregunta a la encargada por el responsable.
“¿El artista? Ahora mismo lo llamo”. El
cronista imagina a un excéntrico y caprichoso hijo
de papá (sabe que Casas es una gran cadena de zapaterías)
que sueña con conocer a Elton John (o, en su defecto,
a Boris Izaguirre) en una fiesta de Donatella Versace. Pero
no. Oriol Casas es un enfocadísimo ejecutivo del sector
–responsable de producto de todas las zapaterías
de la empresa- que llega en bicicleta y cuenta su verdad:
“La primera zapatería de la familia surgió
en Terrassa, en 1924, cuando a mi abuelo le pagaron una deuda
en zapatos. La cosa fue a más, pasó la guerra
y mi padre y mi tío abrieron la primera tienda en Barcelona.
Ahora tenemos 24 en Cataluña y una en Valencia. Esta,
Casas International, es distinta, probablemente la zapatería
más elitista de España. O sea, con la oferta
más amplia de calzado elitista. Trabajamos con los
diseñadores más vanguardistas y exclusivos,
para ambos sexos. Y la apuesta fuerte es hacerlo aquí,
en las Ramblas. Es un desafío personal, sustentado
en el constante crecimiento del turismo. Sin embargo, cada
vez son más los españoles que se animan”.
Mientras tanto, un aceitado equipo de
trileros monta la parada en el bulevar. Increíblemente,
todavía hay macro-panolis que pican. Sería una
aventura apasionante poder observar el cerebro de una víctima
de la trila: seguro que hay sitio de sobra dentro de esos
cráneos. Más de una vez Oriol Casas ha visto
tirones delante de la tienda. Del interior han volado algunos
bolsos. No tiene sentido robar un solo zapato, que si no...En
babilónico contraste, puede bajarse rauda de su limusina
Whitney Houston, las espaldas guardadas por dos roperos nubios,
y hacerse con tres o cuatro modelitos que pondrán los
dientes largos a Mariah Carey, digna heredera del trono de
Imelda. Y es que los zapatos de esta tienda no son clásicos,
ni convencionales, ni sobriamente elegantes. Parecen más
bien destinados a estrellas de rock, drag queens con amante
pastoso y/o millonarios excéntricos. El modelo más
caro –por si alguien tiene esa curiosidad morbosa- cambia
de manos por módicos 1.100 euritos de nada.
¿Le provoca algún problema
de conciencia a Oriol Casas vender artículos de lujo
en un mundo lacerado por la miseria? “No: si no lo hiciera
yo lo haría otro. Hay un segmento del mercado que quiere
consumir esta clase de productos. Es una cuestión de
oferta y demanda”. Ni más ni menos.
Para terminar, marchando una ración
de fetichismo. Hagamos sitio para la vertiente fálica
y lúbrica de la puntera y el tacón, para el
poder afrodisíaco del charol, para las lenguas que
lamen, golosas, botines acordonados color azabache. ¿Comulga
nuestro ejecutivo en bicicleta con esa rama del erotismo?
“Soy de los que le ven ese potencial a los zapatos,
sí, pero sobre todo porque vivo de esto”. ¿Y
personalmente? “También”.
Saciada la curiosidad, el cronista se
despide deseando que el próximo presidente sea Zapatero.
|

|