
El Doctor Kulisevsky
Por Sergio Makaroff
Éramos un grupo de argentinos bastante gamberros, a
finales de los ’70, que hacíamos de las nuestras
en la emergente Barcelona del destape y el libertinaje. Jaime
pasaba por casa, se apuntaba un rato a la juerga y luego desaparecía.
Le decíamos “¡dale, loco, no te vayás,
todavía queda mandanga!”. Él se reía
y contestaba, a modo de despedida: “tengo que estudiar”.
Casi nos daba lástima que fuera tan sacrificado. Pero
Jaime sabía lo que hacía. De hecho –el
tiempo lo ha demostrado- era el que tenía las cosas
más claras.
Veinticinco años más tarde
es una autoridad mundial en el campo de la neurología.
Si transcribiera su currículum ocuparía todo
el espacio de esta crónica. Va un resumen: el Doctor
Kulisevsky dirige la Unidad de Trastornos del Movimiento del
Hospital Sant Pau, donde también encabeza un grupo
de investigación dedicado a esos trastornos y a la
patología de los ganglios basales. Dirige tesis doctorales
e imparte cursos en la Universidad. Ha publicado más
de 80 artículos en revistas especializadas, editado
dos libros y colaborado en varios más. Ha coordinado
grupos de estudio en la Sociedad Española de Neurología,
ha sido revisor de revistas científicas y evaluador
de proyectos de investigación. No para de viajar para
dar conferencias y asistir a congresos. En honor a los viejos
tiempos ha encontrado un huequecito para charlar con este
cronista. Mientras lo hacemos suenan todos los teléfonos
y no paran de desfilar personas que le consultan cosas.
¿Estás de acuerdo
en que el cerebro humano es la cosa más compleja y
maravillosa del universo conocido?
Totalmente. Es impactante –por
ejemplo- que una maquinaria tan complicada y sutil sea capaz
de repararse a sí misma, cosa que las más sofisticadas
computadoras están lejos de conseguir. Hay un fenómeno
interesantísimo que es la plasticidad cerebral: ante
una lesión en determinada zona, unas áreas destinadas
en principio a una tarea son capaces de asumir otra. La neurología
permite aumentar nuestros conocimientos sobre el funcionamiento
del cerebro a través del estudio de las lesiones. Los
pacientes que las sufren ponen de relevancia –por contraste-
cómo funciona normalmente.
¿Qué hay de cierto
en ese tópico de que sólo usamos el 10% de nuestro
cerebro?
Es eso, un tópico. Lo usamos todo,
aunque no seamos conscientes. Es como cuando encendemos la
televisión: no es imprescindible conocer cómo
funcionan los circuitos para ver la imagen. No creo que las
personas usen hoy el cerebro más que hace 50 ó
100 años...
Gracias a Gran Hermano se usa
menos...
Es probable que haya áreas del
cerebro que cada vez se usen menos, debido a distintos requerimientos
sociales. Es evidente que la cultura de los medios audiovisuales
ha influido grandemente en cómo se estructura la mente
de la gente joven: tienen una orientación mucho más
visual/espacial que de habilidades del lenguaje, por ejemplo.
Lo cual no significa que sea mejor ni peor. Responde a otros
condicionamientos socioculturales. Hay que entender al cerebro
como el gran órgano de la adaptación. Eso es
lo que tiene de maravilloso.
Hace poco se ha completado el
genoma de los ratones, que resultó ser 99% idéntico
al de las personas.
La buena noticia es que los experimentos
de laboratorio resultarán más válidos
para conocer y curar las enfermedades cerebrales humanas.
No será tan necesario investigar con monos, que son
más próximos a nosotros....y mucho más
caros.
Algunas personas creen que hay
científicos locos que se entretienen torturando a chimpancés.
Los que realizamos investigación
con animales estamos sometidos a unas reglas de ética.
En los laboratorios científicos hay un respeto absoluto
y máximas garantías sobre el buen trato que
se dispensa e los especímenes. Es evidente que para
conseguir progresos en el conocimiento humano no siempre se
puede experimentar con personas. La investigación con
animales es fundamental. No hay la menor crueldad ni sufrimientos
gratuitos. La gente debería estar muy tranquila respecto
a esta cuestión. Nadie va a secuestrar a su mascota
para torturarla frívolamente.
¿Qué se aprende
de la vida en general al conocer de cerca el funcionamiento
del cerebro?
Un gran respeto por la diferencia. Aunque
estamos frente a una máquina que es en apariencia la
misma, cada cerebro es un mundo. A mí me suscita una
reflexión sobre la tolerancia.
¿Se sabe en qué
consiste el mecanismo del yo consciente, ese poder para decidir
“ahora voy para allí”, “ahora voy
a hacer esto”?
Tampoco hay que mitificar al cerebro.
Es un instrumento, aunque sea la residencia del yo. Hay que
entenderlo como si fuera un coche que nos lleva. Creo que
el yo es el conjunto de la actividad cerebral, no un punto
o una zona determinada. El alma es el cerebro en acción.
(Jaime Kulisevsky es originario
de la provincia de Salta, en el noroeste de Argentina.)
“Los argentinos tenemos complejo
de europeos –los porteños todavía más-
y siempre hemos mirado antes hacia París o Londres
que a Latinoamérica. Salta está en la frontera
con Chile, Bolivia y Paraguay; ahí empieza la América
profunda y se ve que hay dos sociedades: la blanca y la mestiza.
Esas vivencias me han marcado mucho”.
En un momento regresaste a Salta...
Sí, y trabajé en el Hospital
Provincial. Muchas veces el paciente de la cama de al lado
tenía que hacer las veces de traductor, ya que trataba
a indígenas que hablaban en quechua.
Tu catalán es florido y
fluido...
Vivo aquí porque me enamoré
de Barcelona: las diferencias son enriquecedoras.
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