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Paradoja sangrante
Por Sergio Makaroff
Creo que fue en 1978 cuando escuché “Rapper’s
delight” de Sugarhill Gang, bailando en una discoteca
de Ibiza. Me gustó mucho y desde entonces no he parado,(ni
de bailar ni de escuchar a esos recitadores rítmicos).
Creo que soy el único hombre blanco
de más de cincuenta años que flipa con el rap.
Tengo entre 250 y 300 álbumes, no me pidáis
que los cuente.
Cuando me gusta un artista me compro
todos sus discos. Lo hice (y lo hago) con Tupac Shakur, Public
Enemy, Snoop Dogg, Cypress Hill, Jay-Z, Arrested Development,
Beastie Boys, Missy Elliot, Dr. Dre, De La Soul, Jungle Brothers,
Mase, People Under The Stairs. También tengo álbumes
de Gang Starr, Will Smith, Puff Daddy, A Tribe Called Quest,
Digable Planets, Wyclef Jean, Nas, Pras, Eve, Booya Tribe,
Guru, Run DMC, Ice Cube, Ice T, NWA, Eazy-E, Foxy Brown, Li’l
Kim, Naughty by Nature, PM Dawn, Kool Moe Dee, Notorious B.I.G.,
Big Daddy Kane, L.L. Cool J., US3, Eric B and Rakim, Mos Def,
Delinquent Habits, Tone Loc, Outkast y hasta de Kriss Kross.
(Esta lista innecesaria se explica por el placer que obtiene
todo coleccionista al repasar los ítems de su colección).
Alan Colbert, un amigo yanqui/argentino,
melómano y también coleccionista, me preguntó
una vez “¿cómo te puede gustar tanto el
rap, con la sarta de estupideces que dicen?” ¡Porque
no los entiendo! Si lo leyera pillaría bastante, pero
el rap me gusta por como suena.
Pero es que esto me sucede también con el más
grande letrista que alumbraron los tiempos: Bob Dylan. Vamos
a ver: entiendo una parte, si lo leo lo disfruto y eso agrega
una dimensión más a la experiencia, sí.
Pero me enganché con Dylan cuando aún no sabía
inglés, en 1965, a partir de “Bringing it all
back home”. La música era hipnótica, irresistible.
La voz tenía algo que me conmovía: poesía,
ironía, inteligencia, revolución.
Lo mismo podría decir de Beatles,
Kinks y Rolling Stones.
O sea que la música me importa más que la letra.
Menos mal. Escucho –de promedio- unos cinco álbumes
por día. Digamos unas sesenta canciones. Si tuviera
que prestar atención a tantos mensajes acabaría
con la cabeza como un bombo. Mi teoría es que NO HAY
TANTAS DECLARACIONES DE UNA U OTRA ÍNDOLE QUE MEREZCAN
SER TENIDAS EN CUENTA. Sean poéticas, subversivas,
surrealistas, románticas o divertidas. Ni Dios podría
pergeñar sesenta mensajes imprescindibles al día.
La voz humana es mi instrumento musical
favorito. No solo suena mejor que cualquier otro sino que
tiene la virtud de transmitir un mogollón de matices
emocionales. Se notaba que Dylan era un genio rompedor, un
escritor talentoso, un rebelde, un vanguardista, un pionero,
un loco. Se le notaba en la voz.
Compongo canciones. Letra y música.
Alguna vez me han piropeado una melodía. En cambio
he recibido muchos elogios por mis letras. Otros artistas
me piden palabras, nunca música.
Esa es la paradoja sangrante: soy letrista.
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