
Independientes y alternativos
Por Sergio Makaroff
París siempre ha sido una fiesta. He cantado en el
metro, he sido un hombre enamorado en luna de miel, reportero
de Televisión Española y turista del montón.
Hace años ir a París tenía un aliciente
adicional: las tiendas FNAC. Recuerdo mi fascinación
al comprobar la cantidad de discos de Parliament, Funkadelic
y George Clinton que albergaban sus anaqueles. Luego nos volvimos
muy europeos, hasta el punto de que vivo en una ciudad –Barcelona-
que cuenta con tres centros de la cadena francesa.
Compro muchos discos en FNAC y más
todavía desde que existe la escucha a la carta. Como
me caen bien, les voy a dedicar una crítica constructiva:
¿qué sentido tiene separar los discos de rock
en “normales” y “alternativos” o “indies”?
¿No sería mucho más lógico que
estuvieran todos juntos? Mi sugerencia no está sustentada
solo en el afán de lograr mayor comodidad –que
también- sino que pretende basarse en una cuestión
de principio.
No entiendo con qué criterio se
diferencia a unos de otros. ¿Acaso graban todos los
indies en sellos independientes? ¿Y no son esas compañías
discográficas simplemente pequeñas? No es más
que una cuestión de tamaño: cuando esos grupos
y esos sellos crecen, suelen reproducir los vicios y defectos
típicos de los grandes.
Los artistas llamados alternativos no
son otra cosa que gente más jóven. ¿Cuál
es el límite de edad para traspasar esa frontera? ¿Treinta
tacos, treinta y cinco? Tomemos a The Strokes, por ejemplo.
Están del lado indie, pero son absolutamente nostálgicos
y revivalistas en su música, su actitud, sus amplificadores
y sus zapatillas. Adoran el pasado. David Byrne, que peina
canas y está en el apartado del rock a secas, ha sido
y es mucho más rompedor, vanguardista y joven de coco
que sus vecinos neoyorquinos.
¿De qué lado está
Ryan Adams? Del lado de Bryan Adams, aunque pertenece a la
quinta Stroke. Me costó encontrar sus discos. ¿Es
su último trabajo tan diferente en esencia de el de
White Stripes? ¿Para qué liar la troca, amigos
efnaqueros? No quisiera estar en los zapatos del encargado
de decidir quiénes van en una u otra alforja.
Mi opinión es que las aspiraciones
de los artistas de veinte son idénticas a las de sus
padres. ¿Qué diferencia de fondo hay entre R.E.M.
y Flaming Lips? ¿No quieren todos llegar lo más
lejos posible con su música, vender muchos discos,
recibir los halagos de la fama, colocarse y follar? El único
abismo entre la oferta artística de Electric Six y
The Who está en los corredores de FNAC: es una barrera
artificial.
Que se den por aludidas todas las tiendas de discos que establecen
tales distinciones. Y que tengan en cuenta que no les estoy
cobrando nada por este sabio consejo.
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