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El poder de las palabras
Por Sergio Makaroff
Buenos Aires, 1969. El sello independiente Mandioca se presenta
ante el mundo con un concierto en el Teatro Apolo, en la Avenida
Corrientes. Los tres primeros fichajes comparten cartel: Cristina
Plate, Manal y Los Abuelos de la Nada. Estos últimos
están encabezados por el mítico Miguel Abuelo,
cuentan con el no menos legendario Pappo a la guitarra, el
renombrado Pomo a la batería y un tal Mayoneso en los
teclados. Creo que Alberto Lara estaba a cargo del bajo.
Yo ya tenía mi inclinación literaria. Que un
teclista que respondía por Mayoneso tocara con Los
Abuelos de la Nada me pareció un hecho remarcable.
Hasta entonces mis músicos de rock favoritos se llamaban
Ray, John, Keith, Bob......Mayoneso era una agradable apertura
hacia las sonoridades locales. Lo consideré un hecho
auspicioso y me quedé con la copla.
La vida siguió su curso, me hice super fan de Manal,
escribí sobre ellos en la revista Cronopios y su guitarrista
Claudio Gabis me enseñó la vuelta de blues de
doce compases en el bar Politeama de aquella misma avenida.
Monté un grupo de rock con mi hermano Eduardo: Los
Hermanos Makaroff. Años después nos separamos
y ese mismo día –en la puerta de un concierto
suspendido- conocí a un chaval muy espabilado. Decidí
venir a España: aquí empezaban a triunfar mis
amigos de Tequila. Pusimos en venta los equipos que compartíamos.
Aquel chaval nos compró un ampli Vox modelo Beatle.
Lo probó con su teclado y pensé “¡qué
bien toca este pibe!”.
Unas semanas más tarde, cuando ultimaba los preparativos
para el gran salto, me llamó Beto Satragni, el genial
bajista y cantante uruguayo. Me preguntó si conocía
algún teclista. Recordé al chaval del Vox y
le pasé el teléfono.
En Ibiza coincidí con Miguel Abuelo. Cantamos en la
calle junto con Miguel Cantilo, otro músico argentino
entregado a la bohemia balear. Después volví
a ver a Miguel Abuelo en Barcelona. Yo vivía bastante
pobremente con otros dos argentinos, pero él era más
pobre todavía y a veces venía a casa a comer
algo. ¡Qué dura la vida del artista!
Miguel volvió a Buenos Aires y refundó Los Abuelos
de la Nada. Exitazo. Me llegó el cassette de “Vasos
y besos”. Me gustó; sobre todo el tema “Mil
horas”. Desde siempre he estado muy interesado en quién
compone las canciones. Aquel cassette era tan cutre que no
tenía créditos.
Pasó el tiempo y un día sonó el portero
eléctrico. “Somos Andy y Andrés, tu hermano
nos dio tu dirección”. Intrigado, les abrí.
Eran Andy Cherniavsky y Andrés Calamaro, paseando por
Europa. Hechas las aclaraciones pertinentes pasamos el día
juntos, fuimos a Sitges.....y me enteré de que aquella
recomendación a Beto Satragni había prosperado:
condujo al chaval espabilado al grupo Raíces, de donde
pasó a Los Abuelos de la Nada. ¡Y era el compositor
y cantante de “Mil horas”!
Primero Mayoneso, luego Calamaro. Un paralelismo asombroso,
si uno es de los que se rinden al influjo de las palabras.
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