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Dear Michael:
Por Sergio Makaroff
Te escribo estas líneas para intentar echarte un cable.
Los del gremio tenemos que ser solidarios. Analicemos la situación,
que no cunda el pánico. Has sido absuelto pero sé
que estás pasando por un mal momento. Debes unos 275
millones de dólares y tu carrera está por los
suelos. Tu imagen pública, no tanto por el cúmulo
de excentricidades, que a la basca le encantan, sino por lo
de los niños, está bajo tierra.
Vas a tener que empezar de cero. Tranqui,
tronqui, será duro pero no tanto: muchos aún
te queremos y te respetamos. Eres un tipo talentoso que no
ha matado a nadie. No eres un cabrón como tantos que
hay por ahí, como Donald Rumsfeld.
Llegaste a Rey del Pop por mérito
propio, te compraste una Disneylandia y te transformaste en
un muñeco blanquecino. La gente te considera un freak,
y no me extraña.
No desesperes, macho: tal como lo veo, la cosa tiene arreglo.
La palabra clave es humildad. Vas a vender
el rancho Neverland de los cojones –llamas incluídas-
y los derechos de las canciones de Lennon y Mc Cartney. Eso
te tiene que alcanzar para pagar tus deudas y aún te
quedará para comprarte una casa con un jardín
bastante ganso. Una mansión normal, vamos, como la
que puede tener Sheryl Crow, que hace años era una
de las cantantes de tu coro (según lo que cuenta, tú
ni te dignabas a dirigirle la palabra). En vez de cien empleados,
tendrás cinco. Podrás tener un perro, un gato
y un canario.
Ponte a componer, que tú sabes,
y recluta unos músicos de primera. Tíos de esos
que tienen un mogollón de soul pero que si hay que
tocar una balada medio italiana lo hacen de coña. Ensayáis
y os presentáis en un sitio pequeño, como para
dos mil personas o así. Buenas luces, buen sonido,
pero nada de parafernalia atómica, ya me entiendes.
Si se agotan las entradas muy rápido agregáis
unos días más, no problemo. Sales, cantas tus
temas y a ver qué pasa. Grabas un disco con un presupuesto
como el de Solomon Burke, por decir algo. Igual vendes 500.000
ejemplares. Esa pasta alcanza para vivir de puta madre. Solo
tienes que echarle humildad. Hazme caso.
Un abrazo.
Sergio.
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