 |

Dale Boca
Por Sergio Makaroff
“Dale boca a una piedra y te dirá que tiene sed”.
Así reza el antiguo dicho coreano. ¡Cuánta
verdad! Creo que el significado de esta perla de sabiduría
concentrada está más que claro. Vamos, que está
super clarinete. No seré yo quien insulte la inteligencia
de los lectores explicando lo obvio...
No cuela, ¿eh? Pues no: el dicho
es perfectamente apócrifo. ¡Dale Boca! es el
grito de arenga a Boca Juniors, el equipo de fútbol
más popular de Argentina y el que yo seguía
cuando era hincha de éste o de aquél.
Los que leemos Efe Eme tenemos dos deditos
de frente.
Es una pena que una revista de música tan honesta y
vocacional tenga carácter minoritario. Es sintomático
del estado de las cosas. El relativo consuelo es que estamos
juntos y escuchamos buena música. Somos una elite de
melómanos, una especie de club exclusivo. ¡Vaya!
A la crisis cultural generalizada se suma la mía personal.
En los ’80 no tenía un duro –me lo gastaba
todo en drogas- y había un montón de discos
que me apetecía tener. Solamente me compraba uno por
año: el de Prince. El pequeño gran hombre tenía
el honor de ser el único artista que me estimulaba
más que los estimulantes.
En los ’90 rompí con los enganches: eso me hizo
sentir bien. Las cosas comenzaron a irme mucho mejor. A partir
de entonces el dinero me alcanza para comprar los discos que
quiera. ¡Pero no sé que comprar!
Hay un puñado de artistas cuyos
álbumes me agencio a ciegas, o sea a sordas: Rosa Passos,
Nick Lowe, Georgie Fame, Jorge Drexler, Snoop Dog, Rubén
Rada, Niña Pastori, Tony Bennett, Zebda, Los Lobos,
John Pizzarelli, Diana Krall, Ivy, Harry Connick Jr., Wilco,
Jay-Z, Leon Russell, Bob Dylan, Andrés Calamaro.....(Ariel
me lo regala: desde aquí te doy las gracias, campeón.)
Voy a la tienda de discos con la lista
de la compra y muchas veces salgo con las manos vacías.
Claro, tengo que comprar los discos allí donde me dejen
escucharlos. El otro día fui a Discos Cien, de Barcelona,
con tiempo por delante y el noble propósito de investigar
a unos quince grupos de rock de tipo indie/alternativo. Este
no, este tampoco, este suena a lo de toda la vida, estos creen
que han descubierto la pólvora, nada por aquí,
nada por allí... ¿Soy yo o son ellos? En mi
corazón sigue fresco el deseo de encontrar músicas
nuevas que me entusiasmen, pero la cosa está un poco
negra.
Al final di con alguien que me gustó: Adam Green, que
también toca en una banda llamada The Moldy Peaches.
El tío recuerda un poco a Jonathan Richman, aunque
su estilo ingenuo y despojado transmite más relax,
es más melódico, resulta menos deliberado. Más
allá de cualquier comparación, este pibe mola
un puñao. Escucho su disco una y otra vez y me va gustando
más y más. Altamente recomendable.
Costó, pero la vieja magia volvió a funcionar.
|

|