
Cuatro estaciones
Por Sergio Makaroff
Tengo un sitio especial para dos ídolos de la canción
en mi corazón de fan. No, no son Bisbal y Bustamante.
Se trata de Georgie Fame y Nick Lowe. Hace unos años
entrevisté al segundo para ésta revista y le
pedí que me descubriera algún artista que tuviera
tanta calidad como falta de reconocimiento masivo.
Su elección fue Merle Haggard
(yo sabía que era un cantante country, pero no tenía
ningún disco suyo, cosa que remedié en los días
subsiguientes).
Entonces el bueno de Nick me pidió
que –a mi vez- le recomendara a alguien de las mismas
características. Le hablé de John Pizzarelli:
ni siquiera le sonaba.
O sea que no hace falta que os sintáis
culpables si no tenéis ni puñetera idea de quién
es. Para eso estoy yo, que con mucho gusto os lo contaré.
John es el hijo de Bucky Pizzarelli,
el legendario guitarrista de jazz que usaba una guitarra de
siete cuerdas y que raramente pulsaba una nota por vez. Lo
suyo eran los acordes, el acompañamiento: en sus propios
discos la mayoría de los solos los hacen los demás.
Su hijo John continúa la tradición familiar.
Es guitarrista de jazz (él sí que hace solos),
usa una guitarra de siete cuerdas....y canta. Lo hace con
una voz aérea, susurrante, a veces un poco echada p’atrás,
como si fuera un cantante de bossa nova. Su repertorio está
formado básicamente por standards de jazz, aunque hace
afortunadas incursiones en otros campos. Lo mejor que podéis
hacer si queréis iniciaros en el culto a este artista
semi-desconocido es correr a comprar “John Pizzarelli
meets The Beatles”. De lejos las mejores versiones del
cuarteto que un servidor haya escuchado nunca. Algunas, me
atrevo a decir, tratan de tú a tú al original.
Tengo doce álbumes de John Pizzarelli.
Esa docena de joyas constituye una de mis posesiones más
preciadas. ¿Por qué todo el mundo conoce a Diana
Krall y casi nadie a J. P.? No lo sé. Quizá
porque ella es rubia, macizona y canta con una voz más
rotunda y poderosa. I love Diana Krall. La descubrí
cuando editó su primer disco, aluciné pepinillos
cuando la ví en vivo como telonera de luxe de Tony
Bennett y no me importa que últimamente haya edulcorado
un poco la oferta: su talento aguanta un ligero lavado. O
dos.
Cualquiera que disfrute con Diana es
candidato/a a gozar con John.
En la entrega anterior de esta sección hablábamos
de lo crueles que pueden ser los compañeros de colegio.
¿Os imagináis la de bromitas que habrá
tenido que soportar un chaval sensible llamado Pizzarelli?
En fin: apuesto a que se lo pasa bomba actuando con su combo
en otoño, primavera, invierno y verano, swingueando
por el ancho mundo y viviendo de hacer lo que más le
gusta.
|