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Sergio Makaroff » Por una hormona

Por una hormona

Mi viejo es un superdotado sexual, un machote del copón. El hombre no lo ha explotado como Nacho Vidal, no: ha hecho su vida, como aquel que dice. Ingeniería, baloncesto, militancia, amantes a punta pala. No enarboló su don como una bandera. Pero eso marca, claro.
Yo le dí mucho motivo de preocupación. A los 14 pegaba fotos de tíos (Jagger, Richards, Lennon, Mc Cartney) en las carpetas escolares y en las paredes del cuarto. Despreciaba el deporte.
La cosa empeoró cuando me dejé el pelo largo y me puse camisas floreadas y collarcitos de cuentas. Era una época en la que se cuestionaban los valores tradicionales, incluyendo la sexualidad “normal”, consabida. Fumábamos marihuana, hacíamos camas redondas, buscábamos elevarnos a través de la promiscuidad y el arroz integral. Y lo conseguíamos.
Yo mismo dudé. Mick Jagger, mi ídolo number one, parecía bastante mariconcete, para qué negarlo. Se decía que John Lennon había tenido sus más y sus menos con Brian Epstein y que los hermanos Ray y Dave Davies se morreaban abiertamente. Conseguí abrirme paso hasta el elenco de Hair, la comedia musical que ensalzaba los valores del hippismo. Mi personaje, Woof, tenía una escena de amor con un poster de Mick Jagger.
Influenciado por la filosofía imperante en esos ambientes contraculturales me planteé seriamente lo de la bisexualidad. Pero no hubo caso, no podía ser tan moderno y rompedor como David Bowie, por ejemplo. Tampoco estuve muy lejos de alcanzar esas envidiables amplitudes de rol, porque soy todo lo femenino que puede ser un heterosexual. Una hormona más y lo conseguía, pero tuve que resignarme a la monotonía de mujeres, mujeres y más mujeres.
Superada la fase dubitativa, me entregué de lleno a disfrutar del amor libre, el kundalini, el tantra y el kama sutra. Los músicos de rock que tanto admiraba quizá coquetearan con la bisexualidad, pero básicamente se los veía acosados por millones de tías que estaban locas por ellos. ¿Podía imaginarse algo más genial?
La música me gusta, pero a veces me pregunto en qué medida me dediqué a ella por motivos verdaderamente artísticos: lograr que me quisieran –miles de fans entregadas- fue el otro gran factor de peso.
En realidad no importa. Ambas cosas son estupendas.
Pero no pude contentar a mi padre. Que no fuera maricón fue un alivio, pero jamás pudo comprender por qué si quería ser músico no iba al Conservatorio.

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