La revolución del rock

Como sabemos todos los fans de los Rolling Stones, Keith ha pillado un rebote padre con Mick por haber aceptado el título de Sir otorgado por la Corona Británica. Incluso declaró que no volvería a tocar con él.
Este pintoresco incidente –típico del folklore stoniano- me ha hecho meditar sobre la rebeldía y el rock.

Supongamos por un momento que la Reina Isabel representa todo lo que hay de injusto en este mundo. Me pregunto si ser como Keith es mejor para resolver esos problemas que ser como Mick. ¿Un anillo con una gran calavera, una botella de Jack Daniels y una actitud de eterno rebelde tienen algo que ver con la solución de los grandes desafíos? ¿Pavonearse con un traje de Paul Smith en las fiestas de Elton es sinónimo de complicidad con el capitalismo global, por llamarlo de alguna forma?

Los sesenta fueron la década de la rebelión juvenil. Los hippies pulverizaron las convenciones culturales vigentes y se opusieron a la guerra de Vietnam. El mayo de ’68 parisino pareció remover los cimientos de la vieja Europa. El comunismo aún parecía una opción válida para millones de idealistas. Entre los hippies alucinados –los de la comuna- y los estudiantes de izquierda –los del comunismo- estaban los yippies, que aunaban ambas visiones en una pirueta lisérgica y voluntarista. Mick, Keith y su panda eran una especie de portaestandartes de esa oleada de cambio orientada a subvertir el mundo.

¿Qué quedó de todo aquello? Que ahora puedes ir a casi cualquier curro con unas melenas rastas y un tatuaje maorí. Hay más libertad sexual. Y poco más.

Los ricos son más ricos, los pobres más pobres, el egoísmo manda, la solidaridad es una excepción. En España la duda era si el PP tendría o no la mayoría absoluta. En Rusia mandan las mafias. China se está convirtiendo en un gigante del capitalismo de estado. Los principales contaminadores no firman el Protocolo de Kyoto.Y en EEUU Bush puede volver a ganar las elecciones.

Creo que la única diferencia entre Mick y Keith es que al cantante le divierte charlar con gente un pelín pija, mientras que el guitarrista prefiere la compañía de personajes más bohemios. Pero no veo ningún abismo ético entre ambos, si lo miramos desde lo que realmente cuenta, desde los grandes temas pendientes que tenemos que resolver entre todos: la miseria, los fundamentalismos, la guerra, la contaminación, la estupidez generalizada.

Apuesto a que veremos a los eternos amigos y rivales juntos en la próxima gira. Seguramente Keith hará una reverencia socarrona cuando presente a Mick como Sir Michael Jagger. Y luego empezará el riff de Satisfaction o el de Honky Tonk Woman, aquellos viejos temas de los sesenta que lo han convertido en uno de los músicos más ricos del mundo.

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