Ganando amigos

Soy el tipo más simpático del mundo. También el más antipático. La naturaleza de la realidad es dual -ya lo sabes- y los extremos se tocan.

En principio soy encantador. Me levanto por las mañanas lleno de optimismo y amor por la vida, dispuesto a darle preferencia al lado positivo de las cosas. Y con ese magnífico espíritu de paz y amor salgo a la calle, enarbolando una sonrisa solo superada en tamaño por mis buenas intenciones. La gente es guapa, talentosa y civilizada. Las guerras, el hambre, la injusticia y la contaminación parecen datos lejanos, obstáculos que pueden superarse en un plazo razonable si todos juntos luchamos por un mundo mejor.
Oigo campanas celestiales. ¡Ding-dong! ¡Ding-dong! ¡Aleluya, aleluya!
Más que caminar bailo hasta el kiosko y la panadería. Derrocho un humor luminoso y gasto un mogollón de bromas con la gente del barrio, hago reír a las chicas de la tintorería, paso revista a las cajeras del supemercado. Soy el que hago la compra. Mi mujer trabaja ocho horas por día, de lunes a viernes, mientras un servidor está por casa componiendo canciones, escribiendo artículos y meditando sobre la condición humana.
Por eso me toca mantener a raya a las coladas. No me refiero a hacer la colada, que también es responsabilidad mía. No: las señoras que intentan colarse en el super. Desinflo sus pretensiones pinchándolas con mis más afilados dardos. Repentinamente he pasado a ser el hombre más antipático del mundo. Hay cierta solidaridad entre las demás señoras de la fila. No es que ellas aprueben el colarse, pero desaprueban los cáusticos, descarnados y corrosivos sarcasmos que dirijo a la culpable. El aire se tensa y percibo cómo se llena con los efluvios del desprecio.

Mientras escribo el Papa está en Valencia, consolando a las víctimas del metro. Me pregunto por qué Dios no impidió el accidente, las masacres entre chiitas y suníes, Darfur, todo el dolor gratuito. ¿Por qué Dios no impide a Zaplana y Acebes? Y me contesto: porque no existe. Si un buen día se apareciese debería contestar un par de preguntas. Pero ahí está la masa, adorando a uno de sus presuntos representantes en la Tierra. Si las coladas me irritan, imaginad ésto.

No solo la religión organizada me pone de los nervios. La parafernalia futbolera, la parrilla televisiva, los discos más vendidos, el mal uso –debería decir desuso- de los contenedores de reciclado, casi todo lo que hacen mis congéneres.

Y así voy pasando de un extremo a otro, girando como una peonza, atrapado por un remolino gigante en el mar del desconcierto.

One Response to “Ganando amigos”

  1. norby Says:

    te había perdido el rastro. fui fan de un hombre feo, hasta aprendí vacaciones en la tierra y recuerdo que a todos les gustaba, pero a mí, creo, un poco más. ahora me puse a escuchar y ver los videos…y a veces me da por llorar cuando me gusta mucho algo, se entiende? que quede claro, se trata de escuchar buenas canciones y que las emociones surjan. tanto dolor en el mundo y tanta belleza. te mando un abrazo de agradecimiento por el humor y la inteligencia.

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