El poder de las palabras

Buenos Aires, 1969. El sello independiente Mandioca se presenta ante el mundo con un concierto en el Teatro Apolo, en la Avenida Corrientes. Los tres primeros fichajes comparten cartel: Cristina Plate, Manal y Los Abuelos de la Nada. Estos últimos están encabezados por el mítico Miguel Abuelo, cuentan con el no menos legendario Pappo a la guitarra, el renombrado Pomo a la batería y un tal Mayoneso en los teclados. Creo que Alberto Lara estaba a cargo del bajo.
Yo ya tenía mi inclinación literaria. Que un teclista que respondía por Mayoneso tocara con Los Abuelos de la Nada me pareció un hecho remarcable. Hasta entonces mis músicos de rock favoritos se llamaban Ray, John, Keith, Bob……Mayoneso era una agradable apertura hacia las sonoridades locales. Lo consideré un hecho auspicioso y me quedé con la copla.
La vida siguió su curso, me hice super fan de Manal, escribí sobre ellos en la revista Cronopios y su guitarrista Claudio Gabis me enseñó la vuelta de blues de doce compases en el bar Politeama de aquella misma avenida.
Monté un grupo de rock con mi hermano Eduardo: Los Hermanos Makaroff. Años después nos separamos y ese mismo día –en la puerta de un concierto suspendido- conocí a un chaval muy espabilado. Decidí venir a España: aquí empezaban a triunfar mis amigos de Tequila. Pusimos en venta los equipos que compartíamos. Aquel chaval nos compró un ampli Vox modelo Beatle. Lo probó con su teclado y pensé “¡qué bien toca este pibe!”.
Unas semanas más tarde, cuando ultimaba los preparativos para el gran salto, me llamó Beto Satragni, el genial bajista y cantante uruguayo. Me preguntó si conocía algún teclista. Recordé al chaval del Vox y le pasé el teléfono.
En Ibiza coincidí con Miguel Abuelo. Cantamos en la calle junto con Miguel Cantilo, otro músico argentino entregado a la bohemia balear. Después volví a ver a Miguel Abuelo en Barcelona. Yo vivía bastante pobremente con otros dos argentinos, pero él era más pobre todavía y a veces venía a casa a comer algo. ¡Qué dura la vida del artista!
Miguel volvió a Buenos Aires y refundó Los Abuelos de la Nada. Exitazo. Me llegó el cassette de “Vasos y besos”. Me gustó; sobre todo el tema “Mil horas”. Desde siempre he estado muy interesado en quién compone las canciones. Aquel cassette era tan cutre que no tenía créditos.
Pasó el tiempo y un día sonó el portero eléctrico. “Somos Andy y Andrés, tu hermano nos dio tu dirección”. Intrigado, les abrí. Eran Andy Cherniavsky y Andrés Calamaro, paseando por Europa. Hechas las aclaraciones pertinentes pasamos el día juntos, fuimos a Sitges…..y me enteré de que aquella recomendación a Beto Satragni había prosperado: condujo al chaval espabilado al grupo Raíces, de donde pasó a Los Abuelos de la Nada. ¡Y era el compositor y cantante de “Mil horas”!
Primero Mayoneso, luego Calamaro. Un paralelismo asombroso, si uno es de los que se rinden al influjo de las palabras.

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