Dale Boca

“Dale boca a una piedra y te dirá que tiene sed”. Así reza el antiguo dicho coreano. ¡Cuánta verdad! Creo que el significado de esta perla de sabiduría concentrada está más que claro. Vamos, que está super clarinete. No seré yo quien insulte la inteligencia de los lectores explicando lo obvio…

No cuela, ¿eh? Pues no: el dicho es perfectamente apócrifo. ¡Dale Boca! es el grito de arenga a Boca Juniors, el equipo de fútbol más popular de Argentina y el que yo seguía cuando era hincha de éste o de aquél.

Los que leemos Efe Eme tenemos dos deditos de frente.
Es una pena que una revista de música tan honesta y vocacional tenga carácter minoritario. Es sintomático del estado de las cosas. El relativo consuelo es que estamos juntos y escuchamos buena música. Somos una elite de melómanos, una especie de club exclusivo. ¡Vaya!
A la crisis cultural generalizada se suma la mía personal.
En los ’80 no tenía un duro –me lo gastaba todo en drogas- y había un montón de discos que me apetecía tener. Solamente me compraba uno por año: el de Prince. El pequeño gran hombre tenía el honor de ser el único artista que me estimulaba más que los estimulantes.
En los ’90 rompí con los enganches: eso me hizo sentir bien. Las cosas comenzaron a irme mucho mejor. A partir de entonces el dinero me alcanza para comprar los discos que quiera. ¡Pero no sé que comprar!

Hay un puñado de artistas cuyos álbumes me agencio a ciegas, o sea a sordas: Rosa Passos, Nick Lowe, Georgie Fame, Jorge Drexler, Snoop Dog, Rubén Rada, Niña Pastori, Tony Bennett, Zebda, Los Lobos, John Pizzarelli, Diana Krall, Ivy, Harry Connick Jr., Wilco, Jay-Z, Leon Russell, Bob Dylan, Andrés Calamaro…..(Ariel me lo regala: desde aquí te doy las gracias, campeón.)

Voy a la tienda de discos con la lista de la compra y muchas veces salgo con las manos vacías. Claro, tengo que comprar los discos allí donde me dejen escucharlos. El otro día fui a Discos Cien, de Barcelona, con tiempo por delante y el noble propósito de investigar a unos quince grupos de rock de tipo indie/alternativo. Este no, este tampoco, este suena a lo de toda la vida, estos creen que han descubierto la pólvora, nada por aquí, nada por allí… ¿Soy yo o son ellos? En mi corazón sigue fresco el deseo de encontrar músicas nuevas que me entusiasmen, pero la cosa está un poco negra.
Al final di con alguien que me gustó: Adam Green, que también toca en una banda llamada The Moldy Peaches. El tío recuerda un poco a Jonathan Richman, aunque su estilo ingenuo y despojado transmite más relax, es más melódico, resulta menos deliberado. Más allá de cualquier comparación, este pibe mola un puñao. Escucho su disco una y otra vez y me va gustando más y más. Altamente recomendable.
Costó, pero la vieja magia volvió a funcionar.

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