Cuatro estaciones

Tengo un sitio especial para dos ídolos de la canción en mi corazón de fan. No, no son Bisbal y Bustamante. Se trata de Georgie Fame y Nick Lowe. Hace unos años entrevisté al segundo para ésta revista y le pedí que me descubriera algún artista que tuviera tanta calidad como falta de reconocimiento masivo.

Su elección fue Merle Haggard (yo sabía que era un cantante country, pero no tenía ningún disco suyo, cosa que remedié en los días subsiguientes).

Entonces el bueno de Nick me pidió que –a mi vez- le recomendara a alguien de las mismas características. Le hablé de John Pizzarelli: ni siquiera le sonaba.

O sea que no hace falta que os sintáis culpables si no tenéis ni puñetera idea de quién es. Para eso estoy yo, que con mucho gusto os lo contaré.

John es el hijo de Bucky Pizzarelli, el legendario guitarrista de jazz que usaba una guitarra de siete cuerdas y que raramente pulsaba una nota por vez. Lo suyo eran los acordes, el acompañamiento: en sus propios discos la mayoría de los solos los hacen los demás.
Su hijo John continúa la tradición familiar. Es guitarrista de jazz (él sí que hace solos), usa una guitarra de siete cuerdas….y canta. Lo hace con una voz aérea, susurrante, a veces un poco echada p’atrás, como si fuera un cantante de bossa nova. Su repertorio está formado básicamente por standards de jazz, aunque hace afortunadas incursiones en otros campos. Lo mejor que podéis hacer si queréis iniciaros en el culto a este artista semi-desconocido es correr a comprar “John Pizzarelli meets The Beatles”. De lejos las mejores versiones del cuarteto que un servidor haya escuchado nunca. Algunas, me atrevo a decir, tratan de tú a tú al original.

Tengo doce álbumes de John Pizzarelli. Esa docena de joyas constituye una de mis posesiones más preciadas. ¿Por qué todo el mundo conoce a Diana Krall y casi nadie a J. P.? No lo sé. Quizá porque ella es rubia, macizona y canta con una voz más rotunda y poderosa. I love Diana Krall. La descubrí cuando editó su primer disco, aluciné pepinillos cuando la ví en vivo como telonera de luxe de Tony Bennett y no me importa que últimamente haya edulcorado un poco la oferta: su talento aguanta un ligero lavado. O dos.

Cualquiera que disfrute con Diana es candidato/a a gozar con John.
En la entrega anterior de esta sección hablábamos de lo crueles que pueden ser los compañeros de colegio. ¿Os imagináis la de bromitas que habrá tenido que soportar un chaval sensible llamado Pizzarelli?
En fin: apuesto a que se lo pasa bomba actuando con su combo en otoño, primavera, invierno y verano, swingueando por el ancho mundo y viviendo de hacer lo que más le gusta.

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