Corbata

Hoy no tengo gran cosa que hacer. Tocar la guitarrita, leer el periódico, ir al gimnasio, lavar la ropa. Por lo tanto elegiré una buena corbata de seda italiana y la combinaré con la camisa, americana, pantalones y zapatos adecuados. Cuando tengo que trabajar –soy un cantante que viene del rock- no me puedo vestir así. Creo que el público no lo entendería. Para actuar me pongo tejanos y zapatillas. Sucede que la ropa que realmente me gusta es exactamente la opuesta a la rockera. Mis conjuntos corbateros no son tipo Blues Brothers, sino algo en frecuencia mucho más burguesa. De Brian Ferry hacia Durán i Lleida, para entendernos. En eso salí a mi padre, conocido como El Ingeniero, un comunista que iba siempre emperifollado como un dandy. En la vanguardia de la revolución obrera y en la del dandismo, tan frescamente.
De hecho él me legó la mayoría de las corbatas que atesoro. Buenos Aires solía ser, mientras duró el esplendor argentino, una ciudad anglófila, afrancesada, que daba la espalda a su entorno sudaquilla con una indisimulada fascinación por la Vieja Europa. El Ingeniero, ideólogo marxista, se dejaba la pasta en las tiendas de ropa más pijas de la ciudad, que no tenían nada que envidiarle a las de Roma, París y Londres. Esas corbatas son las que suelo ponerme cada mañana.
Entre ellas hay una que es, de lejos, mi favorita. De seda, pero mate, con dibujos tipo búlgaro que combinan el verde oliva con el marron rojizo, el crema y el azul oscuro. ¡Qué joya! Mi padre la compró en Spinetto, uno de esos reductos de la oligarquía ganadera que suministraban indumentaria refinada a los estancieros que explotaban sin piedad a los gauchos de la pampa.
Otro de los tesoros que poseo y que también proviene de Buenos Aires es un buen alijo de discos de la historia del rock argentino. Entre ellos, los más importantes de la obra de Luis Alberto Spinetta, uno de los principales y más prolíficos creadores de la escena local.
Sé que nunca nadie ni nada me obligará a optar por una de esas valiosas pertenencias. Pero, imaginando una situación absurda en la que los malos de la película pusieran al muchachito –yo- en la desgarradora disyuntiva de elegir entre la corbata de Spinetto y los discos de Spinetta, con gran dolor del alma musitaría estas trágicas palabras: “lo siento, Luis Alberto”.

One Response to “Corbata”

  1. adriana Says:

    Por fin un artículo que me hace sonreír. Buenísimo

Leave a Reply