Black Santa

Santa Claus existe, amiguitas y amiguitos, solo que no es blanco ni oriundo de Finlandia. Es negro, rapero y se llama Xzibit. Tengo que reconocer que soy adicto a ese absurdo y maravilloso programa de MTV llamado Pimp My Ride. Podríamos traducirlo como Chulea Mi Buga. Para los que no sepan de qué va, un somero resumen. Se detecta a algun joven californiano que tenga un coche hecho polvo. Muy hecho polvo: abollado, oxidado, parachoques cogido con alambre, baúl con colillas. Uno hasta tenía ratas.
El encantador ex delincuente Xzibit se planta en su puerta y le anuncia que su montón de chatarra será transformado por los mejores especialistas del mercado, absolutamente gratis. El afortunado abraza a Xzibit, lo besa: ya sabe lo que le espera. Coche tuneado y quince minutos de fama televisiva. Para una persona joven y sin un duro, obligada a vivir en un mundo –California- en el que sin coche eres un cero a la izquierda, es un regalo de tres pares de cojones.

Xzibit se lleva el descacharrado vehículo al taller de los especialistas. El coche se tunea sin reparar en gastos, teniendo en cuenta los gustos e inclinaciones de su dueño. El mejor sonido, asientos de cuero, DVD, ordenadores, videojuegos, llantas super atómicas, pintura extremada e hiper hortera: todo lo que puede hacer feliz a un joven estadounidense. Si le gusta el cine, se le instala una máquina de palomitas, si le interesa la astronomía, techo corredizo y un telescopio, si le gustan los peces, peceras con especies tropicales. Encuentro geniales los detalles de humor desquiciado que se incluyen en el tuneado.

Soy un intelectual, amiguitos y amiguitas. Mis amistades suelen ser profesores de antropología, académicos de psicopatología y cosas por el estilo. Estoy siendo muy criticado en mi entorno por esta afición. Para muchos de mis pares, por lo visto, es una inclinación incorrecta, una debilidad de carácter, una señal de decadencia inadmisible. ¡Tonterías! Aunque tuvieran razón, me importa un carajo. Me lo paso pipa con mi programa de tuneado.

A veces se vuelve un poco repetitivo, porque siempre es la misma fórmula. Joven sin recursos, coche cochambroso, macro tuneado exagerado por todo lo alto…
Lo que no falla nunca es la traca final. El afortunado llega al taller de los especialistas. Su nuevo buga está cubierto por una lona. Xzibit dice un par de tonterías alusivas y se descubre la obra. La reacción del propietario no tiene desperdicio. Salta hasta el techo, aúlla, se retuerce. Su felicidad resulta contagiosa. Mientras le van mostrando todas las virguerías que le han hecho a su coche no para de flipar y flipar.

Yo, un hombretón curtido y escéptico, siento parte de su alegría y me reacomodo en el sofá. ¡Tocado!

Leave a Reply