Arístides Chiérico (pronúnciese “Quiérico”)

Cuando tenía 16 años y lucía una cabellera tímidamente beatlesca, mis propios compañeros de colegio intentaron cortarme el pelo. Me sujetaron entre varios mientras uno se encargaba de la tijera. Me revolví como un poseso. El resto de la clase se quedó mirando. Recuerdo que les grité, sumamente excitado: ¡”Ayúdenme, malos compañeros!”
Me libré y corrí –desencajado- a la oficina del rector. “¡Señor” –le dije- “me cortaron el pelo!”. Arístides Chiérico -¿cómo olvidar su nombre y su fino bigotillo?- lejos de conmoverse, me espetó: “para empezar, Makaroff, no entre sin llamar; en segundo término, cálmese y vaya a clase, que ya terminó el recreo”.

Fuí a clase, recogí los libros y me largué a casa.
Tuve que pasar por la peluquería. Cuando volví al colegio, al cabo de dos días, me tocó soportar las risitas de los perpetradores y los murmullos complacientes del coro.

Ese incidente colmó un vaso que ya estaba bastante lleno. Abandoné los estudios y me puse a trabajar en una empresa de artículos para tapicería. Era lo que en Argentina se llama “cadete”, o sea chaval para repartos, recados y tareas varias. Me dejé el pelo mucho más largo. Aquél era un mundo adulto y –a pesar de algún comentario aislado- fui respetado por el resto del personal. Ellos me hubieran defendido sin dudarlo si alguien me hubiera atacado. ¡Qué diferencia con aquellos niñatos de escuela privada!

Curro y colegio estaban a pocas calles de distancia. Recuerdo que volvía a casa con el delantal azul y la melena al viento y sentía una satisfacción muy especial cuando me cruzaba con algún ex-compañero. Tenía la impresión de que ellos permanecían en la bruma paternalista mientras yo había salido disparado para orbitar en otra dimensión.
Supongo que alguno de los de la panda de la tijera habrá hecho carrera en la prestigiosa policía argentina. La mayoría, al cabo de un tiempo, se dejó el pelo mucho más largo que yo cuando me lo cortaron.
Pero no puedo odiar a esos pequeños hítleres de pacotilla: su castrante bromita pesada fue un magnífico catalizador. Espolearon mi rebeldía hasta el paroxismo. Gracias a ellos, que eran el reflejo cabal de la muy represiva sociedad argentina, mi inmersión en la cultura del rock fue mucho más radical.

Así fue como llegué –entre otras cosas- al elenco de “Hair” (pelo, en inglés), la primera comedia musical alternativa. Fue un boom y un escándalo en Buenos Aires: nos desnudábamos y cantábamos alabanzas a las drogas, incorporando recursos teatrales que en aquel entonces –1971- resultaban vanguardistas. Los actores bajábamos del escenario y nos metíamos entre el público. Provocábamos a la gente, la tocábamos, nos frotábamos contra ella.
Mi pelo seguía creciendo.

Adivinen quién vino un día a la función: ¡Arístides Chiérico!
Lo detecté y me lancé hacia él en cuanto pude. Sin apartarme casi nada del guión me encaramé a su butaca, aullando como un demonio, y pasé unos deliciosos e inolvidables segundos mirándolo a los ojos, dedicándole una carcajada salvaje.

5 Responses to “Arístides Chiérico (pronúnciese “Quiérico”)”

  1. Santiago Gabari Says:

    Hola Sergio. Mi nombre es Santiago y soy quien hace el sitio http://www.cangallovoley.com.ar. Buscando algo de información acerca del mítico Arístides R. Chiérico encontré este increíble escrito. Por lo tanto, me gustaría poder tener un contacto vía mail para poder hacerte unas preguntitas acerca de su persona. Espero respuesta. Muchas Gracias.

  2. Jorge Sempio Says:

    Hola Sergio, me acuerdo de vos y de tus pelos ( pelirrojos y enrulados, no? ), fui alumno del Cangallo…no recordaba la anécdota que contás del corte de pelo por tus compañeros ( los pequeños “hitlers” ), te digo más, conocía tu vocación musical pero por alguna razón recóndita de mi mente, tenía presente que tu partida del colegio y del país se debió a otras razones…pero bueno, soy algo menor que vos y puede ser que no me hayan contado bien las cosas o que la memoria me esté jugando una pasada…creo que fuiste compañero de mi hermano, y realmente espero que no haya participado en el acto vandálico que narraste ( aunque no me extrañaría tampoco, porque eran bastante bestias, pero no “hitlerianos” ). Yo también vivo en Barcelona, pero provincia, esas vueltas de la vida. Me alegro que estés bien y que hayas resuelto el tema del pelo largo, aunque de una manera muy drástica, ja! nota: descubrí tu página al tratar de encontrar una noticia de Aristides Chierico, porque creo que falleció y buscaba alguna noticia. Yo tengo un buen recuerdo de él y del colegio, pero así es la diversidad . Un saludo!

  3. Sergio Makaroff Says:

    ¡Hola, Jorge!
    El mundo es un pañuelo…
    Es ist eine kleine Welt, si te acordás algo de alemán.
    Me fui de Argentina en el ’78, en parte por el irrespirable ambiente político y en parte por motivos personales.
    Vivo en Barcelona desde entonces.
    Creo que tu hermano no estuvo entre los graciosos que me quisieron cortar el pelo.
    Fueron Irureta (después oficial de la Marina en los peores años de la Escuela de Mecánica de la Armada), Haas, Piñeiro y alguno más que no recuerdo.
    Un saludo y hasta muy prontito, Dios y la Virgen María mediante.

  4. andrea Says:

    HOla Sergio,
    Tambien padeci (aunque no en igual grado) el estilo de conduccion de chierico y musumano y agradezco haber llegado a mi vida adulta en una epoca y un pais tanto mejores que aquellos.
    la vida tiene sus recompensas.
    un abrazo desde tu tierra
    Andrea

  5. Sergio Makaroff Says:

    Hola, Andrea.
    Saludos desde Barcelona.

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