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Archive for November, 2008

Paradoja sangrante

Monday, November 24th, 2008

Creo que fue en 1978 cuando escuché “Rapper’s delight” de Sugarhill Gang, bailando en una discoteca de Ibiza. Me gustó mucho y desde entonces no he parado,(ni de bailar ni de escuchar a esos recitadores rítmicos).

Creo que soy el único hombre blanco de más de cincuenta años que flipa con el rap. Tengo entre 250 y 300 álbumes, no me pidáis que los cuente.

Cuando me gusta un artista me compro todos sus discos. Lo hice (y lo hago) con Tupac Shakur, Public Enemy, Snoop Dogg, Cypress Hill, Jay-Z, Arrested Development, Beastie Boys, Missy Elliot, Dr. Dre, De La Soul, Jungle Brothers, Mase, People Under The Stairs. También tengo álbumes de Gang Starr, Will Smith, Puff Daddy, A Tribe Called Quest, Digable Planets, Wyclef Jean, Nas, Pras, Eve, Booya Tribe, Guru, Run DMC, Ice Cube, Ice T, NWA, Eazy-E, Foxy Brown, Li’l Kim, Naughty by Nature, PM Dawn, Kool Moe Dee, Notorious B.I.G., Big Daddy Kane, L.L. Cool J., US3, Eric B and Rakim, Mos Def, Delinquent Habits, Tone Loc, Outkast y hasta de Kriss Kross. (Esta lista innecesaria se explica por el placer que obtiene todo coleccionista al repasar los ítems de su colección).

Alan Colbert, un amigo yanqui/argentino, melómano y también coleccionista, me preguntó una vez “¿cómo te puede gustar tanto el rap, con la sarta de estupideces que dicen?” ¡Porque no los entiendo! Si lo leyera pillaría bastante, pero el rap me gusta por como suena.
Pero es que esto me sucede también con el más grande letrista que alumbraron los tiempos: Bob Dylan. Vamos a ver: entiendo una parte, si lo leo lo disfruto y eso agrega una dimensión más a la experiencia, sí. Pero me enganché con Dylan cuando aún no sabía inglés, en 1965, a partir de “Bringing it all back home”. La música era hipnótica, irresistible. La voz tenía algo que me conmovía: poesía, ironía, inteligencia, revolución.

Lo mismo podría decir de Beatles, Kinks y Rolling Stones.
O sea que la música me importa más que la letra.
Menos mal. Escucho –de promedio- unos cinco álbumes por día. Digamos unas sesenta canciones. Si tuviera que prestar atención a tantos mensajes acabaría con la cabeza como un bombo. Mi teoría es que NO HAY TANTAS DECLARACIONES DE UNA U OTRA ÍNDOLE QUE MEREZCAN SER TENIDAS EN CUENTA. Sean poéticas, subversivas, surrealistas, románticas o divertidas. Ni Dios podría pergeñar sesenta mensajes imprescindibles al día.

La voz humana es mi instrumento musical favorito. No solo suena mejor que cualquier otro sino que tiene la virtud de transmitir un mogollón de matices emocionales. Se notaba que Dylan era un genio rompedor, un escritor talentoso, un rebelde, un vanguardista, un pionero, un loco. Se le notaba en la voz.

Compongo canciones. Letra y música. Alguna vez me han piropeado una melodía. En cambio he recibido muchos elogios por mis letras. Otros artistas me piden palabras, nunca música.
Esa es la paradoja sangrante: soy letrista.

Independientes y alternativos

Monday, November 24th, 2008

París siempre ha sido una fiesta. He cantado en el metro, he sido un hombre enamorado en luna de miel, reportero de Televisión Española y turista del montón. Hace años ir a París tenía un aliciente adicional: las tiendas FNAC. Recuerdo mi fascinación al comprobar la cantidad de discos de Parliament, Funkadelic y George Clinton que albergaban sus anaqueles. Luego nos volvimos muy europeos, hasta el punto de que vivo en una ciudad –Barcelona- que cuenta con tres centros de la cadena francesa.

Compro muchos discos en FNAC y más todavía desde que existe la escucha a la carta. Como me caen bien, les voy a dedicar una crítica constructiva: ¿qué sentido tiene separar los discos de rock en “normales” y “alternativos” o “indies”? ¿No sería mucho más lógico que estuvieran todos juntos? Mi sugerencia no está sustentada solo en el afán de lograr mayor comodidad –que también- sino que pretende basarse en una cuestión de principio.

No entiendo con qué criterio se diferencia a unos de otros. ¿Acaso graban todos los indies en sellos independientes? ¿Y no son esas compañías discográficas simplemente pequeñas? No es más que una cuestión de tamaño: cuando esos grupos y esos sellos crecen, suelen reproducir los vicios y defectos típicos de los grandes.

Los artistas llamados alternativos no son otra cosa que gente más jóven. ¿Cuál es el límite de edad para traspasar esa frontera? ¿Treinta tacos, treinta y cinco? Tomemos a The Strokes, por ejemplo. Están del lado indie, pero son absolutamente nostálgicos y revivalistas en su música, su actitud, sus amplificadores y sus zapatillas. Adoran el pasado. David Byrne, que peina canas y está en el apartado del rock a secas, ha sido y es mucho más rompedor, vanguardista y joven de coco que sus vecinos neoyorquinos.

¿De qué lado está Ryan Adams? Del lado de Bryan Adams, aunque pertenece a la quinta Stroke. Me costó encontrar sus discos. ¿Es su último trabajo tan diferente en esencia de el de White Stripes? ¿Para qué liar la troca, amigos efnaqueros? No quisiera estar en los zapatos del encargado de decidir quiénes van en una u otra alforja.

Mi opinión es que las aspiraciones de los artistas de veinte son idénticas a las de sus padres. ¿Qué diferencia de fondo hay entre R.E.M. y Flaming Lips? ¿No quieren todos llegar lo más lejos posible con su música, vender muchos discos, recibir los halagos de la fama, colocarse y follar? El único abismo entre la oferta artística de Electric Six y The Who está en los corredores de FNAC: es una barrera artificial.
Que se den por aludidas todas las tiendas de discos que establecen tales distinciones. Y que tengan en cuenta que no les estoy cobrando nada por este sabio consejo.

La revolución del rock

Monday, November 24th, 2008

Como sabemos todos los fans de los Rolling Stones, Keith ha pillado un rebote padre con Mick por haber aceptado el título de Sir otorgado por la Corona Británica. Incluso declaró que no volvería a tocar con él.
Este pintoresco incidente –típico del folklore stoniano- me ha hecho meditar sobre la rebeldía y el rock.

Supongamos por un momento que la Reina Isabel representa todo lo que hay de injusto en este mundo. Me pregunto si ser como Keith es mejor para resolver esos problemas que ser como Mick. ¿Un anillo con una gran calavera, una botella de Jack Daniels y una actitud de eterno rebelde tienen algo que ver con la solución de los grandes desafíos? ¿Pavonearse con un traje de Paul Smith en las fiestas de Elton es sinónimo de complicidad con el capitalismo global, por llamarlo de alguna forma?

Los sesenta fueron la década de la rebelión juvenil. Los hippies pulverizaron las convenciones culturales vigentes y se opusieron a la guerra de Vietnam. El mayo de ’68 parisino pareció remover los cimientos de la vieja Europa. El comunismo aún parecía una opción válida para millones de idealistas. Entre los hippies alucinados –los de la comuna- y los estudiantes de izquierda –los del comunismo- estaban los yippies, que aunaban ambas visiones en una pirueta lisérgica y voluntarista. Mick, Keith y su panda eran una especie de portaestandartes de esa oleada de cambio orientada a subvertir el mundo.

¿Qué quedó de todo aquello? Que ahora puedes ir a casi cualquier curro con unas melenas rastas y un tatuaje maorí. Hay más libertad sexual. Y poco más.

Los ricos son más ricos, los pobres más pobres, el egoísmo manda, la solidaridad es una excepción. En España la duda era si el PP tendría o no la mayoría absoluta. En Rusia mandan las mafias. China se está convirtiendo en un gigante del capitalismo de estado. Los principales contaminadores no firman el Protocolo de Kyoto.Y en EEUU Bush puede volver a ganar las elecciones.

Creo que la única diferencia entre Mick y Keith es que al cantante le divierte charlar con gente un pelín pija, mientras que el guitarrista prefiere la compañía de personajes más bohemios. Pero no veo ningún abismo ético entre ambos, si lo miramos desde lo que realmente cuenta, desde los grandes temas pendientes que tenemos que resolver entre todos: la miseria, los fundamentalismos, la guerra, la contaminación, la estupidez generalizada.

Apuesto a que veremos a los eternos amigos y rivales juntos en la próxima gira. Seguramente Keith hará una reverencia socarrona cuando presente a Mick como Sir Michael Jagger. Y luego empezará el riff de Satisfaction o el de Honky Tonk Woman, aquellos viejos temas de los sesenta que lo han convertido en uno de los músicos más ricos del mundo.

El síndrome de Maradona

Monday, November 24th, 2008

Tengo todos los discos de Carlinhos Brown y uno de Timbalada. Lo ví tres veces en vivo. Vamos, que me gusta un puñao. Nuestro fogoso bahiano decidió incursionar en el universo latinoamericano con un proyecto de canciones tropicales/caribeñas –no tan brasileñas, para entendernos- parcialmente cantadas en español. Bienvenido seas, majete.

Pero tradujo su nombre y se bautizó Carlito Marrón. Vamos a ver, señores y señoras: no es Carlito, es Carlitos. Igual que en portugués, el diminutivo de Carlos se escribe con ese final. No me cabe en la cabeza que pueda ser otra cosa que un simple, llano y craso error. Uno puede llamarse como quiera, puede salir a cantar pintado de fucsia con un floripondio en el culo. Viva la libertad. Pero este no es un caso de libertad artística: es una equivocación. Supongamos que hubiera escrito “hequibocasión”. Seguro que no convencería a nadie de que lo mío es la ortografía creativa.

Entonces me dejo llevar y me pregunto cómo puede haber sucedido. Me contesto que, probablemente, nadie se atrevió a corregir al señor Brown con la suficiente contundencia. Quizá alguien lo intentó. Tal vez nuestro hiper energético percusionista, compositor, cantante, productor y predicador cósmico no quiso o no supo oir las sugerencias. Porque digo yo que alguien en su entorno tiene que haberse dado cuenta de que en castellano no se dice Carlito sino Carlitos. Y ahí quedó esa pifia en letras de molde, para la posteridad.

Convengamos en que Carlinhos no es un muchacho tímido y humilde. Su actitud es la de alguien que se tiene mucha-mucha-mucha fé y pretende llegar bastante más allá de la música. Se proyecta como un referente, un líder, un aglutinador. En sus espectáculos aparece como una especie de sumo sacerdote intergaláctico en sobredosis de guaraná y pega unas parrafadas seudo filosóficas de aquí te espero. Los miembros de su banda van uniformados de colores parduzcos mientras él se enfunda en unas túnicas abigarradas y fulgurantes que serían la envidia del Papa en Navidad. El oráculo Rapel no le serviría ni de monaguillo.

Espero que este gran artista no se crea realmente el Mesías, o un elegido por alguna civilización extraterrestre para iniciar una Nueva Era. He visto a más de uno en ese trance.
Y es que el éxito es muy traicionero y muy mal consejero. El hecho de que las masas te adoren y te perdonen todo por ser bueno en lo tuyo, por ser actor, músico o futbolista, es tremendamente peligroso. Hay que tener un sentido común y un cable a tierra que pocos tienen para contrarrestar ese subidón tan bestia y comportarse como un simple mortal.

Un ego agigantado es el camino más corto hacia la gilipollez y la auto destrucción.

Miren a Maradona si no.

Tres Chicas

Monday, November 24th, 2008

Hay un trío americano de country/folk/pop tirando a alternativo llamado Tres Chicas. Pues bien: esta columna trata de otras tres.
Para hablar de la primera nos remontaremos a Escocia, este último verano. Por la tele pasaban un resumen de los festivales de rock. Un tema de cada artista.

De pronto apareció una desconocida, Amy Winehouse, poderosa y encantadora, con una voz de aquí-estoy-yo, navegando entre el jazz, el soul y el pop con aires de diva. Mejor dicho: como jugando a ser diva pero sin creérselo. Entró en mi vida de inmediato.

Días después vimos un anuncio a página en la prensa británica anunciando su primer álbum, “Frank”. A pesar de este lanzamiento estelar, el disco no se ha editado en España. Curiosamente, tampoco en EEUU, de donde intenté importarlo a través del portal Amazon. Un amigo viajó a París y se lo encargué: no estaba a la venta. Finalmente mi ex mujer viajó a Londres y me lo trajo. Por fin pude escuchar algo más de ella, además de aquella única canción del festival. Acierto total: es tan buena como supuse que sería y más. Acordáos de su nombre: Amy Winehouse.

A todo esto, una mañana escuché un tema de una tal “Leslie Face” en Música es 3, el programa de RNE. Puse su nombre en el Google, escrito de todas las maneras posibles y….nada. Escribí un e-mail al programa. Blanca y Virginia, las amables conductoras, me contestaron: se trataba de Feist, que se llama Leslie pero firma con su apellido a secas. Su único álbum, “Let it die”, sí está editado en España. Canadiense, muy activa en la escena indie (Broken Social Scene), colaboradora del músico electrónico González, canta como los dioses y toca la guitarra con gran clase. Feist también entró en mi vida con una sola canción. Cuando conseguí su álbum comprobé que había vuelto a acertar. Cometo docenas de errores en todos los campos, pero en este no suelo equivocarme.

He hablado alguna vez de mi banda de acompañamiento ideal. ¿Qué tal ésta? En la batería Cindy Blackman, la negra guapísima que toca con Lenny Kravitz. A cargo del bajo y coros pondremos a Sheryl Crow, una mujer que compone sus canciones tocando un Fender Jazzbass…Teclados y coros, la hija de Ravi Shankar: Norah Jones (en caso de enfermedad sería reemplazada por Alicia Keys). Como guitarrista y apoyo vocal, Feist.

¡Guau, doble guau, triple guau!

La tercera chica iba a ser Nancy Sinatra, de quien acabo de agenciarme la obra completa, pero escribo esto el día en que Ellen Mc Arthur batió el record de la vuelta al mundo navegando en solitario. Estuvo a punto de naufragar al chocar con una ballena…Me la imagino de noche, con marejada, superando el Cabo de Hornos…..
Por fin la Humanidad está entrando en la Era de la Mujer.

Un turco en la neblina

Monday, November 24th, 2008

En Argentina existe la mala costumbre de llamar gallegos a los españoles, tanos (por napolitanos) a los italianos, rusos a los judíos y turcos a los árabes. El dicho “perdido como turco en la neblina” se refiere a los comerciantes sirio-libaneses que atravesaban las pampas interminables con un carro atiborrado de productos varios. En ese mar verde hay pocas señales para orientarse, de modo que un poco de niebla ya les desdibujaba el rumbo.
Así me siento yo frente a un océano aún más grande que la pampa: la realidad, el mundo y la madre que me parió. Sí, amigos, para qué intentar engañaros. Soy letrista, articulista, varias veces me han llamado para sumarme a esas proclamas anti-algo que firman los intelectuales…pero no tengo ni idea.
Quiero decir que estoy tan confundido como cualquiera frente a las cuestiones más importantes que se le plantean a un ser pensante. No he logrado resolver ni uno solo de los enigmas clásicos de la filosofía. Soy incapaz de responder ni siquiera a una de las grandes preguntas.
Por eso me da tanto gustito estar, de vez en cuando, seguro de algo. No me refiero a fingir seguridad, cosa que he aprendido a hacer para sobrevivir, como hacemos todos. No, seguro de verdad, con aquella sensación cálida y luminosa que se instala a la altura del plexo solar.
Me pasa sobre todo con la música. ¡Sé exactamente lo que me gusta! No me dejo impresionar por la publicidad, las ondas molonas, la fama o las tendencias de la gente guay.
Por ejemplo Kraig Jarret Johnson. Tocó con los Jayhawks y unos cuantos más, formó un grupo llamado The Program y publicó un álbum solista. Leí una crítica auspiciosa, lo escuché en Disco Cien y lo compré. No es un genio, no está de moda, no inventó nada nuevo. Toca rock guitarrero americano no demasiado estridente. Hay cientos como él. No podría argumentar teóricamente por qué, pero me gusta y chau.
Los críticos me ayudan mucho. Ellos hacen una primera criba, me ponen en la pista de artistas que puedo chequear. He obtenido mucho placer gracias al foco de los críticos. Pero solo cuando escucho con mis orejitas se revela la verdad.
Hay veces que mi gusto va exactamente en la dirección contraria que la de los críticos. Todos se han cebado con la trilogía “The Great American Songbook”, de Rod Stewart. Que si es una horterada, un ejercicio desamorado de mercadotecnia…¡Tonterías! Las canciones son geniales, la lija de oro de Rod es la de siempre y los arreglos son los adecuados para ese repertorio. Ignoro cuál es el sentido de la vida y eso me jode un montón. Pero sé que puedo consolarme escuchando la música que me acaricia el alma.

Whangaruru

Monday, November 24th, 2008

He cantado mis canciones en las circunstancias más diversas, pero ninguna tan peculiar como aquella vez en Whangaruru.

Trabajaba en una tienda de artículos para submarinistas en la costa este de la Isla Norte de Nueva Zelanda. El concierto, a pelo y con guitarra prestada, fue anunciado en la radio local. Se desarrolló en la playa, en un escenario improvisado con mesas de madera. El público –unas 60 personas que no entendían el castellano- se acomodó sobre la arena. Fueron atentos y respetuosos. Permanecieron calladitos y aplaudieron al final de cada canción. Mientras cantaba veía romper las olas, desdibujando el reflejo de la luna. ¿Cómo había llegado hasta allí?

No recuerdo si fue en el ’88 ó el ’89. Una época de huída y confusión. Conocí a Muriel una noche y a la semana ya vivía en casa. Los dos éramos igualmente desastrosos. Excesivamente festejadores. Al cabo de un mes de monos y resacas, anunció que se volvía a Nueva Zelanda. “Vente conmigo –dijo- volveré a trabajar con mi padre y nos limpiaremos el coco”. Me dejé llevar: mejor esa espantada que las noches tóxicas non-stop.

Resultó que el viejo de Muriel estaba bastante forrado. Pasamos unos meses recorriendo la Isla Norte, supervisando el acondicionamiento de propiedades que su padre compraba y vendía. Yo era su ayudante: lo cierto es que no daba golpe.

Luego de hacer buena letra un tiempo prudencial, ella se las ingenió para que nos diésemos un garbeo en el yate de unos amigos. Navegamos hasta las inmediaciones de la isla de Poor Knights. Es una reserva natural y no se puede desembarcar, pero la zona es uno de los diez mejores lugares del mundo para la observación submarina, según Jacques-Yves Cousteau. Conocí a varios de los que asistieron a aquél concierto buceando en Poor Knights.

Atracamos para repostar en Whangaruru e hice buenas migas con Pesko, el dueño de la tienda. Un personaje pintoresco –músico aficionado- que iba siempre descalzo, con un sombrero color turquesa.
Fue entonces cuando discutí con Muriel: se emborrachó y me llamó “mantenido”. Hablé con Pesko y conseguí trabajo rellenando tanques de oxígeno y un largo etcétera. Curraba mucho, ahora sí, pero vivía prácticamente en la playa. Había recuperado bastante salud mental, me sentía fuerte y conectado con las fuerzas que rigen el Universo.
Luego descubrí que mi jefe, tan bohemio él, era bastante racista. Despreciaba a los aborígenes neozelandeses y si me tomó como dependiente fue porque me pagaba lo mismo que hubiera cobrado un maorí. Yo era europeo, hablaba inglés, chapurreaba el francés y el italiano, cantaba canciones…

El verdadero paraíso, si es que existe algo parecido en este mundo cruel, es una construcción interior. Aquél concierto en Whangaruru, visto con perspectiva, fue una aproximación a su versión exterior.

Volare

Monday, November 24th, 2008

El plan era dormir hasta tarde, pero me despertó el graznido de las gaviotas. El primer pensamiento –por llamarlo de alguna manera, ya que se trataba del roce de cuatro neuronas- fue agradable: vivo en la ribera marina, me llegan ecos salobres con reminiscencias de ánforas griegas, piratas corsos y amaneceres en la playa. Pero entonces se agregaron otras cuatro neuronas al ensamble y tuve una segunda visión, ligeramente más escéptica. La gaviota, además de figurar en el logotipo del PP, ha encontrado una fuente de alimentos más cómoda que la mar salá: los vertederos. Cada vez se la encuentra a más kilómetros de la costa, mostrando que no es fiel a las olas y la espuma sino a la comida basura. Llevaba unos segundos semidespierto y ya se me había caído un mito.
Apreté los ojos, intentando volver al limbo, y se me aparecieron dos manchas negruzcas. ¿Los túneles que me llevarían de regreso a la dulzura del inconciente? No, los cisnes negros de Aguas de Barcelona, en el Paseo de San Juan. Ahí estaban en toda su renegrida majestad, abriendo las alas y atusándose las plumas. Confinados en su estanque de dos metros cuadrados, parecían completamente felices. Otro mito caído: a los pájaros no les interesa la libertad, ni la exploración, ni nada que no sea el alimento, la reproducción y el refugio. Si lo encuentran en un metro cuadrado, jamás se moverán de allí.
¿Qué me estaba pasando? ¿Porqué no podía dormir, o al menos creer en algo?
Puestos a descreer de la mitología avícola, nadie nos prestará un mejor servicio que los patos del Parque de la Ciudadela. ¡Qué mala leche gastan esos palmípedos! Exigen limosnas con sus agrios trompeteos y si no las consiguen se acuerdan de pronto de que es la hora de marcar el territorio. Así, unos picotazos en las rodillas de los intrusos les servirán de venganza. He visto a más de un niño huir despavorido, perseguido por un pato, con la ilusión hecha trizas y un súbito rencor que prometía una futura afición al paté.
Así no había quien durmiera. Quería volar por los abismos de la nada, dejar de ser, disolverme como un azucarillo. Entonces comenzó –y no era un sueño- la cruel cacofonía de las cotorras argentinas. Medio atontado, me sentí culpable por las molestias que pudiera causar esa invasión. Yo también vine de Argentina y me puse a cantar. Por favor, que nadie me señale con el dedo. No tengo nada que ver con la chirriante plaga. Yo no fuí, no solté a la primera pareja reproductora. En algunas ciudades los ayuntamientos se están planteando medidas para la eliminación de las cotorras. Pretendo que esos mismos ayuntamientos me contraten como cantante. O al menos –rogué- me gustaría olvidarme y dormir un poco.
Dormir es fácil cuando uno está distraído. En mi caso, un ataque digno de Hitchcock me lanzaba a la más lacerante de las vigilias. Vale, me dije, si el cerebro se empeña en pensar, pensemos. ¿Hay algún pájaro en Barcelona que mantenga el resplandor de su propia leyenda? Las urracas. Negras, azules y blancas. Elegantes, desconfiadas y discretas. Emparejadas de por vida, trabajan siempre en dúo (dinámico). Si ves a una, la otra estará unos metros más allá, vigilando desde la copa de un árbol. Suelo observar a las del Palau de Pedralbes mientras dan saltitos por el césped, buscando algo para llevarse al buche. Los fines de semana el espectáculo se vuelve algo bochornoso, ya que las dignísimas urracas tienen que competir por el sitio con otras parejas, a mi juicio tan decorosas como un número ajado de Diez Minutos en la sala de espera del podólogo. Se trata de las huestes de adocenados casamenteros que acuden al Palau a hacerse el vídeo de la boda. Que las urracas sean todas iguales es un regalo del cielo. Pero que tantos recién casados rueden el mismo vídeo parece un anticipo del infierno. Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen.
Creo que se llaman estorninos, pero podrían ser vencejos. Son pequeños y oscuros. A veces visitan Barcelona en grandes bandadas y nos dedican una danza inolvidable sobre la Plaza Cataluña. ¿Cómo se las arreglan para cambiar de dirección sincronizadamente? Lo consiguen, y entonces parecen un cardúmen de puntas de flecha nadando en el aire. Se puede ver a muchos peatones absortos y maravillados con la exhibición de acrobacia aérea. Los ornitólogos no saben bien para qué sirve esa danza. Algunos suponen que su fin es la mera reafirmación del vínculo que une a los miembros del grupo. Otros, que estarían practicando para cuando llegue el momento de despistar a un depredador. El hecho es que parecen guiados por una sola mente: el cerebro de un coreógrafo celestial.
El mío, a todo esto, seguía revisando la fauna plumífera sin darme tregua.
A veces veo pájaros en Barcelona que nunca había visto y de cuyo nombre no tengo ni idea. Esos son los que más me gustan. Los miro hasta que desaparecen y luego los echo a faltar.
Y claro, con tantos pájaros en la cabeza no hay quien duerma.

Trenes, caballos, burros y pollos

Monday, November 24th, 2008

Me establecí en Barcelona en 1978. En ese mismo año se abrió al público el Parc de l’Oreneta, situado en la primeras estribaciones de la Serra de Collserola, detrás del Monasterio de Pedralbes. Tardé 26 años en descubrirlo, lo cual tiene dos lecturas. Teniendo en cuenta lo que me gustan los parques barceloneses, he mostrado una falta de agilidad que deberé corregir en el futuro. El lado positivo es la sensación de que la ciudad me va a seguir sorprendiendo siempre.

Me monto en mi scooter y tardo unos cinco minutos en llegar. Son 17 hectáreas de bosque mediterráneo. Hay eucaliptus, olivos, pinos, algarrobos, mimosas, cipreses, chumberas suculentas y un montón de arbustos cuyo nombre me encantaría conocer.

Para un adulto dado a la contemplación y amante de los rincones solitarios en el bosque, es una maravilla, sobre todo si dicho adulto puede permitirse ir entre semana.

Para un niño, sea de carne y hueso o el que llevamos dentro, el parque cuenta con un par de atracciones aun mayores: alquiler de ponis y trenes en miniatura.

El Centro de Estudios de Modelismo de Vapor es una asociación cultural sin fines de lucro. Ellos eligen, construyen, mantienen y conducen los modelos a escala que circulan por el parque los domingos y festivos. Se visten con uniformes ferroviarios, tocan la campana anunciando la salida del convoy, hacen sonar el silbato del tren y se lo pasan en grande.

Algunos de los miembros son adolescentes, convenientemente entrenados para conducir los modelos a escala. Los pasajeros -niños pequeños con sus padres – ríen abiertamente mientras dura el trayecto. Los jóvenes maquinistas, sin embargo, permanecen serios: no me cabe la menor duda de que disfrutan más que nadie.

La nota inquietante la ponen cuatro docenas de puñaladas asestadas en las puertas de la mini estación. Me gustaría tener un par de palabritas con el tarado que se entretuvo vandalizando las instalaciones de este cúmulo de buen rollo.

No lejos de allí se encuentran los establos y el picadero del Poni Club Barcelona. Hay caballos muy pequeñitos y también un poco más grandes, aptos para iniciarse en los placeres de la hípica en serio. El alma del club es Juan Carlos Docal, entrenador de larga trayectoria, con más de un/a saltador/a premiado/a en su haber. Además del típico y entrañable paseíllo en poni, las riendas llevadas por algún adulto, se ofrecen varias modalidades de clases de equitación.

En el establo, dos presencias estelares. Por un lado tenemos a la burrita Victorina, traída de Holanda, super diminuta y más cuchi-cuchi que el mismísimo Platero. Es de color gris claro y dan ganas de abrazarla, regalarle zanahorias, llevarla a casa y ponerla en la mesa de luz. No se me ocurre que pueda existir una mascota más adorable.

La otra estrella es Bruno, un burro apenas un pelín más grande. Está atado y bien atado. Pregunto por qué. No hace mucho dejó preñada a una yegua bastante más alta que él. ¿Cómo lo logró? Cuando llama el deseo….los amantes despliegan el ingenio que tienen y más. Si fue ella la que se agachó, aquella postura debería figurar en un hipotético Kama Sutra del reino animal. Fuere como fuere, el fruto de ese amor en teoría imposible es un mulito liliputiense color caramelo que corretea junto a su bien dispuesta progenitora: para comérselo.

De pronto vuelvo a tomar conciencia de que la sabrosa mezcla de aromas que produce un establo entre los pinos está a solo cinco minutos de casa. Acaricio la idea como si fuera un amuleto y sigo paseando.

Un poco más allá, en un promontorio que forma varias terrazas desde las que la ciudad se despliega con esplendor panorámico, hay un asador de pollos que también despide olores muy excitantes.

¿Por qué tardé tanto en descubrir todo esto? Trenes, caballos, burros, pollos…Como ejemplo de lo que me estaba perdiendo, el establecimiento dispone de tumbonas que pone a disposición de la distinguida clientela. Con el recalentamiento planetario cada vez contaremos con más días para yacer blandamente, los ojos entrecerrados y la panza atiborrada de pollo y patatas.

Volviendo a la clientela. ¿Es realmente distinguida? Estamos en pleno barrio de Pedralbes, pero un atento estudio sociológico me lleva a la conclusión de que al Parc de l’Oreneta acuden representantes de todas las clases sociales. El veloz pero efectivo trabajo de campo se basa en tres objetos de estudio: 1) los tejanos; 2) las gafas de sol y 3) el modo de hablar. Si en los dos primeros indicadores el científico podría llamarse a engaño, el tercero es prácticamente infalible. Es bastante probable que los habitantes de Pedralbes estén ahora mismo comiendo perdices en sus masías del Ampurdán. Aquí está el pueblo.

Toma candela

Monday, November 24th, 2008

La gente cambia. Un individuo que hasta hace un tiempo buscaba emociones fuertes al salir de los after-hours y las encontraba en apartamentos tapizados en rojo con argollas en la pared, el cráneo palpitante de narcóticos, hoy halla sensaciones de intensidad equivalente en una plácida charla a media tarde con un molt honorable botiguer. Hey, ojo, que lo de antes tampoco llegaba a los niveles de Exuperancia y su armario mágico. El individuo en cuestión jamás probó esa droga que hace que uno desee ser sodomizado por una amiga con un dildo -¿como prueba de amistad?- y eso que el individuo cree haber probado todas las drogas.

El individuo soy yo y estoy en la Baixada de la Llibreteria, 7, hogar de la Cerería Subirá, la tienda -con el amoblamiento original- más antigua de Barcelona (junto a la Herboristería del Rei, sita en la Calle del Vidrio), La dedicación de los Subirá al fascinante mundo de las velas se remonta a 1761. La fecha figura en letras doradas por debajo del escudo de la Ciudad Condal, presidiendo la doble escalera palaciega por la que –en cualquier momento- podría descender Sissí Emperatriz para entregarse a los brazos de su galante húsar prusiano.
La tienda es una preciosidad y un orgullo para Barcelona. Me siento afortunado al entrar a esta especie de tarta de crema rococó y ser atendido por su dueño, Don Jordi Subirá i Rocamora, un hombre amable y muy catalán que se expresa en un florido castellano. Presidente del Colegio de Cereros y de la Federació Catalana D’Entitats Corals (esto no me lo cuenta pero lo pone su tarjeta de visita), se vuelca en el relato de los pormenores de la historia de la vela y su relación con los correspondientes escenarios políticos y religiosos. Soy todo oídos.

Hay mucha más cera que la que arde, gracias a las suculentas enseñanzas de Don Jordi. Veamos. La cera se divide, para su mejor estudio, en tres grandes grupos, a saber: a)mineral, b)vegetal y c)animal. El sebo, que es grasa animal prensada, ya no se usa y es casi un sacrilegio nombrarlo en presencia de un cerero de estirpe. La parafina, un derivado del petróleo y por lo tanto perteneciente al grupo a), ha reemplazado prácticamente a los demás materiales utilizados para la confección de velas. La cera de abeja, durante añares la oficial de la Santa Iglesia, ha quedado como un capricho de purpurados florentinos. Cuando las abejas segregan cera, no hacen miel. En el tiempo que les toma exudar un kilo de cera elaborarían cincuenta de miel. Los apicultores, por lo tanto, reciclan la cera, la estampan con el clásico formato hexagonal y se la facilitan a las abejas para que no distraigan ni una pizca de energía productiva.

En la posguerra la vela estaba desprestigiada; era símbolo de escasez y racionamiento. Si actualmente goza de buena salud es por diversas razones, dos de las cuales apunta Don Jordi: 1) el factor hippie/cantautores, o sea la vela con mensaje, encendida como estandarte de la lucha compartida en pro de un mundo mejor y 2) la influencia noreuropea, o sea la vela mona como elemento de interiorismo y detalle de calidez hogareña. En Cataluña se diseñan y fabrican el 90% de las velas españolas. ¡We got the power! Hay fabricantes con diseñador en plantilla y está a disposición del público exigente la línea de velas firmadas por los diseñadores de más renombre, como Mariscal y compañía. ¿Llega la cosa, Don Jordi, a lanzar colecciones de Otoño/Invierno y Primavera/Verano? Casi sí, nos explica, ya que cuando se acerca el buen tiempo el cerero eficiente hace hincapié en la conveniencia de aprovisionarse de velas para jardín y piscina, sin olvidar las muy sugerentes velas flotadoras para estanque.

Una opción elegante para las cuatro estaciones es el candelabro de plata con velas negras, utilizadas por algunos con fines menos confesables que la decoración hogareña. ¿Rituales satánicos, Don Jordi? Le consta que sí, y que las hay con pelos de animales en su interior, destinadas a oscuras brujerías, aunque en la Cerería Subirá no se vende esa clase de velas. Nuestro experto en cirios se explaya sin disimular el orgullo y la emoción. La llama de un vela encendida –nos dice- sirve para conectar al hombre con su esencia y acercarlo a los demás y a Dios. Ese fuego epitomiza todos los fuegos y representa el hogar, la luz, el vínculo con el más allá y la vida misma. ¡Vaya! Bajo la influencia de tan apasionado discurso miro a mi alrededor y me dejo atrapar por una nube de sensaciones navideñas. Velas, velas, velas…. Las hay de todos los colores, aromas y formatos imaginables. Las tradicionales o de iglesia son las menos. La mayoría son de las que invitan al festejo y la cena de luxe y suscitan ecos de intimidades y placeres mundanos. Por cada vela pía hay nueve lúbricas, carnosas, non sanctas. Este individuo supone que aquellas de ahí, tan majas, que recuerdan a un torpedo, son las que usaría Exuperancia para una de sus entrañables muestras de amistad. El individuo lo piensa pero no lo dice, porque la gente cambia.